9.23. CMLP XXIII – 1966/68

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XXIII PROMOCIÓN
A las nueve de la mañana de un veraniego día… de marzo, del año 1966, un total de 436 jóvenes adolescentes peruanos (incluyendo a 8 panameños) entre los 13 y los 16 años, nos reunimos en la que sería desde entonces y para siempre, nuestra Alma Mater, el Colegio Militar Leoncio Prado, en la Perla, Callao. Fuimos seleccionados y escogidos en base a nuestros propios méritos y calificaciones en un examen de ingreso que nos ubicó en un contexto nacional: procedíamos de los cuatros puntos cardinales y de todas las regiones del Perú; de todos los distritos de Lima, y también de esa provincia constitucional que nos acogiera como hijos suyos.

Desde la 1ª Sección a la 11ª, nos reunieron en base a un criterio etario, siendo los mayores quienes estaban en las primeras secciones y su respectiva compañía, la primera. Cuarto y Quinto año tendrían la diferencia organizacional que la 10ª Sección era de Letras, conforme al plan educativo vigente, pues las restantes secciones llevaban cursos de ciencias. Algunos nombres propios son más relevantes que otros, por diversas razones, pero, el de nuestros coroneles directores, Alfonso Rivero Winder y Alberto Sierralta Morote permanecerán de una manera imborrable. Los subdirectores, tenientes coroneles EP Alberto Tejero y Luis León Lacunza, o el del Mayor Jefe de Batallón de Cadetes, Gustavo Escudero Oyarce, son tan queridos en el recuerdo como el de los capitanes Jefes de Año, los tenientes Jefes de Compañía, y el de los suboficiales, Jefes de Sección. El director de Estudios, profesor Alberto Cazorla; maestros como Jacques Crousse y Herman Buse de la Guerra; Teodoro Casana y Humberto Santillán Arista; Esteban Escobedo y Alcides Carreño para la música… son los auténticos guías que nos enseñaron a mantener “Alto el pensamiento como una bandera…”

Aquel año de 1966 sería inolvidable para todos nosotros y más aún para el Perú. El 17 del mes de octubre, se produjo un fuerte sismo, grado 8,1 USGS, que duró 45 segundos. Eran las 4.40 de la tarde y nos disponíamos a formar para dirigirnos a las actividades de los clubes. El movimiento fue realmente muy fuerte y nos permitiría retornar a nuestros hogares, mientras las cocinas y otras instalaciones se reparaban por los graves daños que ocasionara el terremoto. A nivel del departamento de Lima y sus provincias, fueron 220 las víctimas fatales y casi dos mil los heridos.

Nuestro paso como cadetes del 4° año, en 1967, tendría como acontecimiento nacional la adquisición de los aviones ‘Mirage’ para la FAP y el triunfo de Israel sobre Egipto ese fue el año de la famosa “Guerra de los Seis Días” producida entre el 5 y el 10 de junio de 1967, con la derrota de siete divisiones del ejército árabe y la destrucción en tierra de la casi totalidad de su fuerza aérea. Varias sesiones de trabajo sabatino y los comentarios cotidianos de nuestros oficiales instructores, versarían sobre el legendario militar israelí Moshé Dayán, entonces Ministro de Defensa, así como las tácticas y estrategias desplegadas por las partes en conflicto.

Sin lugar a dudas, 1968 es el año cumbre de nuestras promisorias vidas y de aquellas jóvenes existencias, pues, gracias a ello cumplimos hoy 50 años de haber egresado del CMLP. Y ese es el año que marca un hito insoslayable en nuestra historia: aquel de la Revolución Peruana que encabezara el General de División EP Juan Velasco Alvarado. El 3 de octubre de 1968, es una fecha clave para comprender los acontecimientos posteriores en nuestras efemérides nacionales. Un momento crítico para todos, en lo colectivo como también en lo individual. No estaba muy claro en esa época para nosotros, el concepto de Orden Constitucional, aunque tuviéramos comprensión cabal que “las órdenes se cumplen sin dudas ni murmuraciones”, pero tampoco entenderíamos las visiones de una Democracia Representativa ni la de aquella otra Participativa. Sabíamos sí que el PERÚ es muy grande, muy rico y muy diverso, y que las situaciones de inequidad socio-económica y de subdesarrollo demandaban en el siglo XX, como aún lo exigen hoy, un cambio y una transformación profundas para el nuevo milenio.

Ese Perú que todos queremos solo es posible a partir del cambio en nosotros mismos. Es el individuo quien, al reeducarse y transformarse, personalmente, hace posible el progreso y el desarrollo de la sociedad en lo colectivo. Hemos compartido tres importantes años de nuestra vida. Hemos aprendido el valor de la UNIDAD y del ESPÍRITU DE CUERPO. Sabemos el significado de la palabra IDENTIDAD NACIONAL y CONSCIENCIA NACIONAL. Necesitamos compartirlo y demostrarlo en los años que tenemos por delante.

Ha transcurrido medio siglo. Como excadetes de la XXIII PROMOCIÓN, es posible que sintamos no haber cumplido con todo aquello que nos demanda la Patria y la Nación Peruana. Y que todavía nos faltan muchas tareas por realizar. Están pendientes a nivel nacional y en ese nuevo orden mundial que se denomina, globalización. Nos quedan 25 años más para terminar aquel mínimo que se espera de nosotros, antes de celebrar nuestro próximo aniversario: las Bodas de Diamante, siempre con DISCIPLINA… MORALIDAD… TRABAJO…

A pesar de las bajas y de los vaivenes existenciales, seguiremos diciendo: VIVA LA XXIII PROMOCIÓN, y como peruanos, exalumnos leonciopradinos nunca cejaremos de proclamar a los cuatro vientos: ¡¡VIVA EL PERÚ…!!

K

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