9.09. CMLP IX – 1952/54

IX PROMOCIÓN 1952-1954: 66 años depués…

CMLP09_RelacionIngresantes

Cada último jueves de mes, en que nos reunimos los compañeros de la IX Promoción, “Gran Mariscal Ramón Castilla”, surgen, entre nosotros, recuerdos, anécdotas y vivencias, que quedaron grabados de modo indeleble en nuestras almas desde aquel 25 de marzo en que, con el espíritu pleno de expectativa, mucho entusiasmo y porqué no decirlo con algún temor, transpusimos las puertas de nuestro inolvidable Colegio, el que marcaría de modo indeleble nuestras vidas.

Éramos muy jóvenes aquel mes de marzo de 1952, en que la Providencia nos juntó a 281 adolescentes llenos de ilusiones, provenientes de  diferentes lugares del país, cada uno con sus propios modos y costumbres y, su peculiar lenguaje, que nos presentaba como una singular muestra de la diversidad de nuestro Perú. A este grupo tan especial se unieron un  panameño, un italiano y luego un arequipeño trasladado del Colegio Militar Francisco Bolognesi. Todos amalgamados por un gran deseo de aprender, de crecer como personas… nos habíamos preparado con dedicación para superar las exigencias de un concurso que, entonces, se nos antojaba  muy severo y, allí estábamos, saboreando nuestro primer triunfo: “Haber Ingresado al Colegio Militar Leoncio Prado“,… muy circunspectos… con el alma abierta a la experiencia y dispuestos a vivir nuestra propia gran aventura en un régimen de internado que, de algún modo, nos separaba del calor de nuestra familia y nos enfrentaba a una nueva realidad.

Nuestros primeros días estuvieron saturados de las actividades propias de adaptación a un nuevo y exigente estilo de vida. Primero nos distribuyeron en once secciones, según nuestra estatura; en la primera, iban los más altos, y así decalando, hasta la undécima, constituida por los más petisos. Luego nos asignaron los dormitorios en las Cuadras, las camas y roperos individuales por orden alfabético; en seguida el corte de pelo a cero; la recepción y ‘marcado’ de prendas; la distribución de libros para forrarlos y etiquetarlos; el reconocimiento de las diferentes instalaciones del “inmenso campus”: particularmente aulas, campos deportivos, comedor de cadetes, enfermería, Guardia de Prevención y las zonas asignadas a los cadetes de 4to y 5to años, que se incorporarían una semana después. Estábamos algo aturdidos al escuchar disposiciones y reglas de conducta por todos lados, tanto de los oficiales instructores, como suboficiales y cadetes de año superior. Tuvimos que habituarnos a  despertarnos y levantarnos de la cama al Toque de Diana (06:00 horas) y  acostarnos y “dormir” al Toque de Silencio (21:00 horas), y también a reconocer el esperado Toque de “Rancho”, y el Toque de “Fajina” o de fin de actividades. De este modo, poco a poco,  fuimos aprendiendo las reglas de la disciplina militar que marcarían de un modo positivo muestras vidas en adelante.

El primer fin de semana en el Colegio fue muy gratificante para nosotros, ese 31 de marzo recibimos la primera visita dominical de nuestros familiares, la que se repetiría por unas cinco semanas más durante el periodo en que permanecimos  sin salir a la calle. Así se estableció en el diario compartir de esta nueva e interesante experiencia, gozando y sufriendo juntos las vicisitudes de nuestra vida de cadetes dentro del Colegio; la confraternidad, que iría entrelazando nuestras vidas.

En el transcurso de estos TRES AÑOS, que fueron realmente MAGICOS,  se forjó la HERMANDAD de la NOVENA PROMOCION, la cual se ha mantenido viva entre sus integrantes a través de estos 66 años que se ha puesto de manifiesto en muchas oportunidades en forma de apoyo mutuo, en las actividades personales o profesionales; acompañándonos en las diferentes situaciones de alegría o de tristeza; o brindándonos ayuda cuando fuere necesario. Nuestra hermandad ha trascendido aún a los familiares de los compañeros que, en ocasiones especiales, se reúnen con nosotros  y compartimos como una gran familia.

Para quienes ingresamos al colegio en 1952, es un agradable y renovador ejercicio recordar algunas de las muchas gratas experiencias que nos tocó vivir. Así, lo primero que caló fuerte en nuestro ánimo, fue aquella primera clase de Educación Física. Para nosotros, bisoños cadetes a quienes cariñosamente nos llamaban “perros” los cadetes de año superior, fue una sorpresa impactante el presentarnos, vistiendo nuestros recordados buzos azules frente a un plantel de 12 profesores de E.F., que lucían  llamativos buzos deportivos… Todos ellos eran muy conocidos… los habíamos visto en los diarios de la época que narraban sus hazañas deportivas como campeones nacionales e internacionales en sus respectivas especialidades. Allí estaba como Jefe del Departamento de E.F., el exatleta ALFREDO NARVÁEZ CORONEL, quien junto con los otros profesores fue, a través del tiempo, evaluándonos  y clasificándonos para las prácticas de las diferentes disciplinas atléticas y deportivas que nos ayudaron mucho en nuestro desarrollo físico y formación integral. El colegio tenía entonces instalaciones para la práctica de diferentes  deportes y actividades atléticas, entre ellas una cancha de fútbol reglamentaria, pistas atléticas, varias lozas para básquet y fulbito, una piscina y diversos aparatos gimnásticos; todo ello a disposición de los cadetes que las utilizábamos bajo la experta guía de los entrenadores.

Nuestro reconocimiento especial a estos abnegados profesores que comenzaban sus labores a la 6 de la mañana de cada día y con su dedicación y disciplina nos infundieron el amor al deporte y el respeto a las reglas del “fair play”, estimulando, a quienes tenían condiciones, a esforzarse y participar en competencias nacionales e internacionales. Festejamos el éxito obtenido por algunos de nuestros compañeros en Salto Alto, Salto Triple, Salto con Garrocha, Carreras de Velocidad y de Fondo; así como en básquet, fútbol y natación. 

Nos cupo  también la suerte, si así se puede llamar al hecho,  de que el colegio tuviera una gran imprenta, y en ella se editaran los mejores  textos escolares, elaborados por los más prestigiosos y reconocidos autores de la época que, coincidentemente, eran nuestros profesores.

Las aulas de este nuestro primer año en el colegio, merecen una mención aparte. Estaban ubicadas en el Pabellón que llamaban “La Siberia”, que era un vetusto edificio de 4 pisos sin mayor uso, el que solamente tenía habilitado el 1er piso como aulas, con la prohibición expresa para los cadetes, por medida de seguridad, de acceder a los otros pisos. Era un ambiente muy peculiar pero con aulas cómodas que con la actividad de nosotros cobró vida. Durante los dos años siguientes ya pasamos a un pabellón normal de aulas.

En Cuarto Año, ubicados en el segundo piso del edificio, mantuvimos la organización inicial de las secciones de Tercero, porque ya solo completábamos 10 secciones, pues se habían retirado 21 alumnos por diversos motivos.

Para el Quinto Año, ya en el primer piso, quedábamos 243 cadetes en la promoción, fuimos reubicados en 9 secciones, reorganizadas en base a las inclinaciones personales, rendimiento académico en determinadas asignaturas de ciencias o de letras, o vocación profesional, diferencias que los profesores habían observado en los cadetes. Así, en la 1ra Sección se ubicó a los que manifestaron inclinación por la matemática y se proyectaban como los futuros ingenieros  o arquitectos; en la 2da, los que se inclinaban por las letras, y así en las otras secciones. Con  esta movida fuimos alternando y confraternizando aún más entre todos.  

Los días sábado, no había clases en aula, pero teníamos una rutina especial: “salíamos a la calle”; primero a desarrollar lo que llamábamos “Marcha de Instrucción”, caminábamos con nuestros instructores militares, con nuestros fusiles al hombro, en un terreno variado, por los campos de la antigua hacienda “Maranga”, en los actuales distritos  de La Perla y San Miguel. Regresábamos al Colegio hacia el mediodía, exhaustos, sintiendo el peso del fusil, pero silbando con fuerza la marcha de la película “Stalag 17”, que hicimos nuestra y que erizaba los cabellos de nuestro Capitán de Año.

Pasábamos a renglón seguido por los “Malacates” a tomar una “agradable y refrescante” ducha fría, no importaba el invierno, estábamos muy contentos pues luego nos vestiríamos con uniforme de paseo y, saldríamos a visitar a nuestra familia y a nuestras amistades.

Esta preparación militar sabatina semanal, durante los tres años, nos preparó  para la denominada “Maniobras Finales” que en nuestro caso se realizó en diciembre de 1954. La iniciamos  con una marcha nocturna a pie, a lo largo de la Panamericana Norte, desde el ahora “Trébol de Caquetá” hasta Ancón, y acampamos en unos cerros aledaños al balneario. Cada cadete llevaba su fusil, bayoneta, morral de rancho, cantimplora, y el equipo de campaña con la mitad de una carpa bipersonal, útiles de aseo y de abrigo. Hicimos prácticas de tiro y formaciones de combate,  disparamos a blancos determinados con fusil y ametralladora. El “rancho caliente” vino de Lima y lo disfrutamos con alegría. Completamos la faena con un masivo baño de mar.

Al evocar esos tres años, que dejaron huella indeleble en nuestra alma y nuestros corazones, no podemos dejar de mencionar algunos hechos y anécdotas que en estos 66 años se han mantenido presentes como si hubieran ocurrido  ayer.

En 1952, cuando ingresamos al Colegio, no teníamos un local de cine, pero eso no nos privó de ver películas interesantes que, una noche a la semana, se proyectaban en un ecran improvisado con sábanas o contra una pared. En 1953 ya tuvimos lo que entonces se nos antojaba un majestuoso y elegante teatro-auditorio. Allí pudimos disfrutar cómodamente no solo con las películas sino con la actuación de artistas del Perú y algunos extranjeros… hasta tuvimos conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Recordamos también, con satisfacción, los famosos “Martes Culturales”, en nuestro auditorio, que  introducían una agradable variación a la rutina del internado. Ese día disfrutábamos de presentaciones artísticas variadas. Entre los cadetes de la IX surgió el que afectuosamente llamábamos “Trio Romántico Leonciopradino”, trio que en realidad era un quinteto, pues lo constituían tres voces, con el acompañamiento de una guitarra y un acordeón. Se les escuchaba muy bien, tanto que eran muy requeridos en las actuaciones del Colegio y en muchas ocasiones, fueron invitados para presentarse en otros escenarios fuera del Colegio.

Una anécdota que jamás hemos olvidado, fue la “Noche del Maremoto” en 1953, cuando cursábamos el 4to Año. El Tte. Instructor Leopoldo Torres, no sabemos todavía si por propia iniciativa para “jugarnos una broma pesada” o acatando alguna disposición superior, nos mantuvo en vilo toda una noche, vestidos con uniforme de campaña completo y armados con nuestros fusiles, listos para evacuar el colegio por la puerta cercana a “La Perlita”, en cuanto el mar sobrepasara los acantilados frente al Colegio. Por supuesto que todo no pasó de un susto mayúsculo y un motivo para conversar durante años.

Tampoco hemos olvidado la exhaustiva preparación y múltiples ensayos durante varios meses, de un drill gimnástico a cargo de los cadetes del CMLP, que debía ser presentado en la inauguración del nuevo Estadio Nacional, el 27 de octubre de 1952. Al evento concurrió tanta gente, que las puertas de ingreso quedaron bloqueadas y los cadetes no pudimos ingresar al gramado del estadio, quedándonos con los “crespos hechos”. Como consuelo pudimos escuchar, en los ómnibus en que regresábamos al colegio, las incidencias de la inauguración desde unos radios portátiles que algunos cadetes tenían consigo. Posteriormente y en compensación, todos los cadetes fuimos llevados al nuevo Estadio Nacional “José Díaz” para presenciar la famosa despedida del gran futbolista Lolo Fernández, jugando con su club de siempre, el “Universitario de Deportes”, frente a su rival tradicional el “Alianza Lima”.

La Novena tuvo el privilegio de ser la promoción de las innovaciones… junto con la construcción del Auditórium, se dio un cambio radical en el original uniforme de paseo del cadete Leonciopradino. El exdirector fundador del Colegio, General JOSÉ DEL CARMEN MARÍN,  nos confió alguna vez que el antiguo uniforme había sido una réplica del que usara en una Academia Militar de EE UU, el entonces estudiante Leoncio Prado. El viejo uniforme fue reemplazado a partir de 1952, por el de color azul turquí, con cordones y brandemburgos, que muy satisfechos llevamos  en 4to y 5to Años. A este nuevo uniforme de paseo se le unió el uniforme de etiqueta denominado “Eaton” que lucimos en las ceremonias y compromisos sociales del Colegio.

Nuestro Coronel Director, tenía muy buenas relaciones en el mundo diplomático y oficial, por lo que, fue muy frecuente que el Batallón de Cadetes se presentara en ceremonias y desfiles con ocasión de conmemorar las fiestas nacionales de países amigos y en los días de celebración de festividades patrióticas; contando con la asistencia de personalidades del mundo diplomático y autoridades nacionales de muy alto nivel.

Pero no todo fueron ceremonias y desfiles, también nuestro Coronel Director nos hizo participar en actos especiales, teniendo como invitadas algunas veces a las reinas de belleza, ganadoras de los concursos de “Miss Universo” de la época. Se realizaron actividades sociales en el Colegio o en locales exclusivos como el Country Club. En estas ocasiones los cadetes asistían elegantísimos luciendo el “Eaton”, como uniforme de etiqueta.

La Novena fue la segunda promoción en ejercer, ya como cadetes de 5to Año, la función de “Monitores”. A estos alumnos se les encomendó el comando de los cadetes en apoyo del personal de oficiales Instructores. Los escogidos para esta importante misión, han manifestado lo mucho que les sirvió esa experiencia para el desarrollo de su vida en general, pues, la responsabilidad concedida les permitió ejercer una práctica de liderazgo muy útil.

Rendimos homenaje y manifestamos nuestra gratitud a la vida que nos puso en el camino de preclaros profesionales en los diversos campos del saber. Ellos, con abnegación y vocación de verdaderos maestros, nos guiaron en el aprendizaje de las múltiples disciplinas  que nos alcanzarían una formación integral y, nos permitirían esclarecer nuestra vocación y orientar nuestro futuro como personas honorables. 

El Dr. ALFREDO REBAZA ACOSTA, como Director de Estudios, coordinó con el excelente plantel de profesores, con que contaba el Colegio, para alcanzar a los alumnos una capacitación adecuada en las ciencias, las letras, idiomas y el arte.

En el aspecto formativo tuvimos autoridades y comandos de primera, hombres probos y con moral que fueron para nosotros ejemplo de rectitud y honorabilidad y que, para suerte nuestra, se mantuvieron en sus cargos, casi sin variación durante nuestros tres años en el Colegio. Reiteramos, una vez más, nuestro agradecimiento por su entrega y dedicación al coronel MARCIAL ROMERO PARDO, quien fuera nuestro Director; al mayor GUSTAVO ESCUDERO MOLINA, nuestro Jefe del Batallón de Cadetes y,  muy particularmente a nuestro querido e inolvidable MARIO GÁLVEZ VELARDE, nuestro Capitán Jefe de Año en 3ro, 4to y 5to… identificado siempre con sus cadetes, líder ejemplar, exigente y magnánimo preocupado porque aprendiéramos el valor de la honestidad, la rectitud y el respeto que nos debemos como personas. No exagero al decir que su recuerdo permanece vivo en nosotros y mueve en nuestro interior un deseo de decirle ¡Gracias, mi Capitán!

No seremos ingratos con los diferentes tenientes instructores y suboficiales auxiliares, que secundaron con inteligencia y sagacidad las orientaciones de sus superiores, ejerciendo en nosotros una saludable influencia.

Evocando nuestros días en el Colegio, viene a la memoria el nombre del R.P. HAROLD GRIFFITHS ESCARDÓ, Capellán del Colegio y Director Espiritual de los cadetes, quien inicio sus funciones, coincidentemente, con nuestro ingreso al Colegio en 1952; sacerdote que por su juventud tuvo con los cadetes un gran acercamiento, y muy especialmente con nosotros, por lo que, según su propia expresión  se sentía de la Novena.

Teníamos una pequeña Capilla, en donde celebraba misa los domingos para el personal que permanecía en el colegio. Apoyó la labor del Grupo de Acción Católica, al que nos habíamos integrado algunos de la IX… recuerdo que nos reuníamos en la Glorieta para leer ciertos textos y discutir los temas que entonces capturaban nuestra atención.

Mantuvimos contacto con él después de egresados y compartió con nosotros en algunas ocasiones en que nos reuníamos para celebrar algún acontecimiento importante o para recordar a nuestros fallecidos. Lo sentimos siempre como un amigo cercano.

La finalización de nuestra educación secundaria, se celebró con una ceremonia de Clausura del Año Académico y Graduación de los integrantes de la IX Promoción y tuvo lugar en las instalaciones del CMLP. Asistieron distinguidas autoridades nacionales y diplomáticas, así como nuestros familiares. Fue una ceremonia muy sobria y para nosotros de un gran significado. El acontecimiento tuvo su corolario  en una elegante  fiesta que se celebró en los salones del Country Club de Lima.

Para perennizar estos recuerdos y nuestra gratitud, editamos un “Álbum de la IX Promoción”, que muchos de nosotros aún guardamos. En sus páginas se puede leer nuestro agradecimiento: a nuestros padres por habernos animado  y sostenido en esta nuestra primera experiencia fuera de casa, a nuestros profesores  y a nuestros oficiales instructores, por ser guías inmejorables;  agradecimiento que sellamos entonces con la promesa de no fallarles y que nos hemos esforzado por cumplir.

Fuimos 243 integrantes de la IX los que egresamos del Colegio el 16 de diciembre de 1954, sin duda, mejor equipados que el día de nuestro ingreso. Los tres años que habíamos vivido juntos en un colegio militarizado, habían dejado una profunda huella en nuestro espíritu y fortalecido nuestra voluntad. Nos separamos con algo de tristeza pero a su vez con mucho entusiasmo, pues estábamos listos para ir en busca de nuestro futuro.

Muchos nos quedamos en el país estudiando en diversas universidades públicas o privadas, otros salieron al extranjero para hacer sus estudios en prestigiosas universidades; algunos otros ingresaron a los Institutos Armados y de la Policía. Así, después de algunos años, la IX Promoción proporcionaba, al país y al mundo distinguidos profesionales en las más diversas ramas, que han prestado excelentes servicios a la comunidad.

La Novena Promoción ha entregado a la sociedad: Abogados, Antropólogos, Arquitectos, Contadores, Diplomáticos, Economistas, Empresarios, Funcionarios Públicos, Privados y de Organismos Internacionales, Ingenieros, Médicos, Odontólogos, Oficiales del Ejército, de la Fuerza Aérea, de la Marina de Guerra y de la Policía, Psicólogos, Profesores de Secundaria, de Primaria y Catedráticos en Universidades, Químico-Farmacéuticos y Veterinarios.

Otros de nuestros promocionales han destacado igualmente en el extranjero, ejerciendo su profesión con honestidad y eficiencia, tenemos inclusive, un Pastor Religioso en una importante iglesia, en EE UU. Lo encomiable de estos, nuestros compañeros, es que siempre han mantenido el contacto con nosotros y han estado dispuestos a apoyar a nuestros compatriotas con su experiencia, conocimientos y consejo. 

Durante estos años la fraternidad que se forjó en las aulas de nuestro Colegio se ha puesto de manifiesto en múltiples ocasiones. En cada una de nuestras celebraciones siempre hemos contado con la cooperación generosa de algunos de nuestros compañeros radicados en EE UU y de otros que se han desenvuelto en nuestro medio como exitosos empresarios; particularmente se cristalizó esta identificación cuando celebramos nuestras Bodas de Oro de Egreso del Colegio, en el  2004. A ellos nuestro fraternal agradecimiento.

A través de los años, la IX siempre ha estado presente en el “Día del Reencuentro Leonciopradino”, nuestros representantes se han esmerado en desfilar con prestancia y energía.

Al cumplir 50 años de egresados, en el 2004,  los integrantes de la IX, desarrollamos una serie de actividades que culminaron con una ceremonia especial en el Patio de Honor del Colegio y una actuación en el Auditórium, que contó con la presencia de gran número de excadetes y familiares, venidos desde todos los rincones del país y del extranjero. De este acontecimiento, guardamos con cariño el Libro “Remembranzas”.

Como hermoso y emotivo corolario, tuvimos la presentación del pequeño gran libro denominado “La Novena en Decimas”, compendio especial en el que nuestro compañero Humberto Rodríguez Pastor, recoge los recuerdos de nuestra vida como cadetes y de nuestros primeros 50 años de egresados, están hermosamente plasmados en Décimas. Esta publicación fue posible gracias a la financiación que algunos promocionales radicados en EE UU hicieran con generosidad a través del “Grupo de Apoyo de la IX”. 

En el devenir de los años hemos mantenido como una tradición el reunirnos un día al año, normalmente en el mes de octubre, en una Misa que celebramos en sufragio y recuerdo de nuestros compañeros de promoción, profesores e instructores,  que ya no están con nosotros. Nos unimos en la oración pidiendo al Eterno que los tenga en su Gloria y alcance paz y consuelo a sus familiares.

Los que quedamos, agradecemos a Dios por la oportunidad de seguir disfrutando de nuestra hermosa amistad y, nos reunimos cada mes en los tradicionales también “Jueves de la IX”, para compartir un almuerzo, agasajar a los que cumplen años,  y, como dijimos al comenzar nuestro relato, recordar anécdotas, comentar las novedades y terminar despidiéndonos  con un sentido abrazo.

Los adolescentes de aquellos años 50, hoy vivimos nuestra cuarta edad, siempre orgullosos de haber pasado por las aulas del Gran Colegio Militar Leoncio Prado y agradecidos a la Providencia que nos permitió vivir aquella invalorable experiencia que nosotros identificamos como nuestros “TRES AÑOS MÁGICOS”.

Luis Palomino R.
Lothar Busse N.

k

Deja un comentario