Un convento cierra cada mes


Los franciscanos han sido los últimos en decir adiós. Esta semana se han despedido de Guadalajara tras 120 años de historia
A sus 76 años y después de media vida en Filipinas, el hermano Pedro Ruano estaba convencido de que sus últimos días los pasaría en el convento de El Carmen en pleno corazón de Guadalajara. Y en el rincón que más aprecia, entre las plantas del huerto. Sin embargo, la escasez de vocaciones ha obligado a esta pequeña comunidad de religiosos a echar el cierre al que fuera «el hogar» de los franciscanos en Guadalajara durante más de 120 años.
«Yo estaba aquí muy a gusto. Así es la vida. Hay que tomarla como viene, con paciencia y sin mirar atrás», comenta Pedro con la mirada apenada y algo perdida. Desde que el provincial les comunicó el cierre del convento, Pedro ha dejado de cuidar la vid y de cultivar las verduras con las que estos franciscanos daban de comer a las personas más necesitadas. Los seis frailes que integraban esta comunidad de vida activa serán trasladados a Toledo, Ávila, Alcorcón y a la iglesia San Francisco el Grande de Madrid.
Pocos y mayores
En los últimos dos años, después de que la orden de los Hermanos Menores Franciscanos (OFM) decidiera reducir de nueve a tres las provincias que tiene en España, «han fallecido 50 hermanos y se han cerrado tres conventos. Otros tres están en lista de espera», comenta José Luis de Cruz, otro de los religiosos. Esta pequeña comunidad de frailes atendía desde 1899 a las Hermanas Concepcionistas Franciscanas y a su iglesia, El Carmen, que está junto al convento.
«Es normal que nos tengamos que ir. Cada vez somos menos y más mayores. Si miras hacia adelante todos se van muriendo y si mirás hacia atrás nadie te pisa los talones», se lamenta el hermano José Luis, quien recuerda que la edad media de los franciscanos en España roza los 70 años de edad.
Según el instituto pontificio Claune —una organización dedicada desde mediados del siglo pasado a solventar las carencias materiales y formativas de las comunidades contemplativas— el año pasado se cerró un convento cada mes en España. «En los últimos seis meses el ritmo se ha acelerado», advierte a ABC Euleterio López, director de Claune. Si se tiene en cuenta solo la vida contemplativa, 88 monasterios de clausura han desaparecido entre 2007 y 2016, mientras que se han perdido 4.675 vocaciones. Esta situación también afecta a los religiosos de vida activa, como los franciscanos, los capuchinos, las carmelitas de la caridad, las siervas de San José, las agustinas y tantas otras.
Como una familia que se separa
La responsable de Pastoral Juvenil y Vocacional de la Conferencia Española de Religiosos (Confer), Maricarmen Álvarez, apunta además el vacío que deja en muchos pueblos y localidades la salida de los religiosos de sus conventos. «Da igual los años que una congregación lleve presente en un sitio porque siempre es un referente y produce un gran dolor cuando se tienen que ir. Es como una familia que se separa», explica la religiosa. Así lo viven los vecinos de los franciscanos en Guadalajara. Poco a poco se van haciendo a la idea de que la comunidad desaparecerá.
«Todo el mundo protesta porque es una pena», afirma Julia, una vecina del barrio. A su lado Ángeles comenta que lleva toda su vida asistiendo a misa a la iglesia del Carmen. «Yo nací detrás de esta iglesia y mi hermano hacía de monaguillo cuando era pequeño. Siempre hemos estado a gusto con los franciscanos», comenta esta mujer, a la salida de la última misa celebrada por estos religiosos este jueves.
«Ceder el convento»
Una vez que los religiosos abandonen el convento —un edificio de varias plantas en el corazón del casco histórico de la ciudad— uno de los frailes Severino Cervero, cuidará de las instalaciones hasta que aparezcan los nuevos inquilinos. «Estamos dispuestos a ceder la casa, a cambio de que se hagan cargo del mantenimiento», explica.
Pese a que no corren buenos tiempos para las vocaciones a la vida consagrada, España sigue siendo una potencia mundial en el número de religiosos contemplativos. De los 3.000 monasterios que hay en el mundo, un tercio se encuentran en nuestro país. «Cuando salimos fuera para participar en algún foro o congreso, no tenemos nada que envidiar al resto de países», recuerda la responsable de Pastoral Vocacional de la Confer. Para no perder fuelle, la Iglesia lleva años trabajando en numerosas vías que permitan a las congregaciones cumplir con su misión. Entre ellas, la hermana Maricarmen destaca la «intercongregacionalidad», es decir, el trabajo conjunto de varias órdenes en un proyecto que antes llevaba solo una de ellas pero que debido a la falta de vocaciones ya no pueden sacarlo adelante. Otras de las iniciativas es dar más protagonismo a los laicos o favorecer la llegada de religiosos extranjeros en etapa de formación. «Son posibles vías pero no arreglan el problema vocacional», advierte la hermana Maricarmen.
Nuevas realidades eclesiales
Junto a este invierno vocacional, se produce paradójicamente el fenómeno inverso. La aparición de nuevas realidades eclesiales que son una esperanza para la Iglesia. Es el caso de Iesu Communio, una comunidad de religiosas muy numerosa, muy jóvenes y la mayoría universitarias.
«Esto demuestra que la falta de vocaciones es una realidad relativa. La vida consagrada siempre va a estar presente en la Iglesia con nuevas formas aunque estas nuevas realidades no quitan ni apagan las formas tradicionales», aseguran desde la Comisión Episcopal de Vida Consagrada.
Desde hace un año, la Conferencia Episcopal trabaja además en una base de datos para poder conocer mejor el número de religiosos contemplativos y monasterios que hay en España y poder dar cuenta de su evolución.

 

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