“En el Perú la culpa es de la víctima”

“Para qué los miras, para qué les sonríes. Tú te lo buscaste”.

Antes de convertirse en Clarice Starling, la novel agente del FBI que pide consejo al doctor Hannibal Lecter para encontrar a un asesino, Jodie Foster fue Sarah Tobias en “Acusados”, un filme que cuenta la historia de una joven violada por varios hombres en un bar.

Cuando pide sanción para sus abusadores, Sarah se topa con el machismo cavernario de una sociedad que la convierte en culpable de su propio drama. Si no hubiera coqueteado con uno de sus atacantes, le reclaman, estos nunca la habrían violado.

Para qué los miras, para qué les bailas, para qué les sonríes. Tú te lo buscaste. Tú los incitaste. Tú lo quisiste. La culpa es tuya.

Este argumento de pesadilla pareciera haberse escrito en el Perú. Aquí ser mujer es sinónimo de anzuelo, de instrumento de seducción para machos pacíficos y despreocupados, que ante una tentadora presencia femenina son incapaces de controlarse y, como marca el cliché, se ven obligados a “dar rienda suelta a sus bajos instintos”.

No son malos ni lo hacen adrede. Solo son víctimas de la tentación.

El mes pasado, un hombre de 22 años que violó a una niña de 12 la acusó de ser quien lo incitó a beber alcohol, lo que trajo después que tuvieran relaciones sexuales.

Sí. Eso fue lo que dijo: una niña de 12 años lo obligó.

De la misma manera se defendió el sujeto que violó a una empadronadora durante el último censo. Y lo repetía desafiante, mirando a las cámaras de televisión.

Ellos –nosotros, sí, nosotros– nunca tenemos la culpa. Porque quién le manda a ella a ponerse esa minifalda, usar esa ropa tan escotada, devolvernos esa sonrisa.

A la joven voleibolista fallecida el último domingo le han llovido epítetos de todo tipo, salidos, sobre todo, de ese vertedero oscuro e infinito llamado redes sociales.

La han llamado de chica fácil para abajo. Y el veredicto es terminante: si está muerta es porque se lo buscó.

En un texto viralizado en las últimas horas se la compara con un sicario juvenil, como si fuera una depredadora sexual que en su desvarío encontró lo que merecía.

Empatía con la víctima, un imposible en un país como el nuestro.

Entre enero y octubre de este año ha habido 303 casos de feminicidios y tentativas, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. Y en el último mes, la policía capturó a 219 hombres por delitos contra la mujer.

Estas cifras de horror deberían hacernos despertar, liberarnos de esa mochila cargada de machismo, prejuicios y cobardía para asumir nuestros errores, que arrastramos casi desde que tenemos uso de razón.

Pero dudo mucho de que esto suceda. Aún nos falta mucho para entender que somos una sociedad enferma. Demasiado enferma.

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