En busca de un país democrático

Actualmente, vivir en democracia en el mundo -donde la corrupción se pasea por todas partes- se nos hace muy difícil confiar principalmente en los políticos, en economistas, en la gente en general. Difícil encontrar individuos probos, que no piensen en sacar ventajas a cada acción que ellos realizan. Abundan los cínicos y aparecen como buenos muchachos en la TV, queriendo dar muestras de ser gente.

Después de una intensa y obligada búsqueda, es decir, sin querer queriendo, pienso que se ha encontrado algo. Sí, en un país que sirve de derrotero para tener mejores personas. Fue necesario paciencia, ejercicio del perdón. Gran inspiración.

Imaginemos a alguien que, desde hace 11 años, disfruta de una pensión de retiro del trabajo (1), condicionada a su situación y a la de su esposa, los hijos partieron. Por unos años, digamos a los 10 de retirado, ambos disfrutan -juntos- de la pensión otorgada por la empresa donde él ha trabajado; si alguno de ellos hubiera fallecido en este lapso, el sobreviente hubiera disfrutado completamente de esa pensión. Después de pasados los 10 años, el que sobreviva, podrá hacerse acreedor de una parte de esa pensión, por el resto de su vida; el porcentaje lo define el que trabajaba en la empresa, antes de retirarse, esto es invariable.
Además de este ingreso, él recibe una pensión de vejez (2) a partir de los 65 años de edad, (la esposa lo recibe -aparte- cuando llega a esa edad). Luego, por haber trabajado en la Provincia de residencia -en este caso Quebec- donde ha prestado servicio, se le da también una pensión mensual (3), que se agrega a los ingresos anteriores. Además se consideran también los montos ahorrados mensualmente, a discreción, durante la época de trabajo (4), algo parecido al sistema de las AFP, en Perú. El dinero acumulado en el ítem 4 se devuelve en cuotas mensuales repartidas según la esperanza de vida del pensionista. Hacemos la suma de todo (de los 4 items) y ello constituye el ingreso personal; se considera, además, el ingreso de la esposa; se suma todo y si el monto supera cierto valor, hay que pagar impuestos. El total de pequeñas sumas permite vivir con dignidad y paz.

El Estado, por su parte, cubre la salud y la educación en forma gratuita a sus habitantes y paga los sueldos que permiten pensiones dignas a los empleados de salud y, en el caso de la educación, a los maestros. Todos contribuyen al bienestar general. El Estado también realiza obras reproductivas de infraestructura, dando trabajo a los habitantes -que a su vez- también pagan sus impuestos.
Imaginemos que deseamos hacer lo mismo en nuestro querido Perú:
Primero, la legislación deja mucho que desear; nuestra Constitución toma en cuenta muy poco, porque no ha sido creada para el bienestar de los trabajadores, sino para beneficiar a unos cuantos “liberales” que se aprovechan del sistema.
Segundo, ¿de dónde sacamos los fondos para cubrir los gastos mencionados antes?, pareciera un imposible. Con la estructura económica definida por la Constitución actual, tal vez estamos soñando, en consecuencia, pensamos que es una utopía vivir bien en el Perú.

Nuestro Presidente PPK, nos ha prometido llegar a ser un país del primer mundo e imagino que él tiene la clave para atender a todos los ciudadanos. Estoy seguro que es posible porque estoy convencido de que esto existe y se puede recomendar.
Así es -por ejemplo- vivo en una ciudad, en un país próspero, donde podemos pasear por la ciudad las 24 horas del día, sin temor a ser asaltados.

Tenemos que concienciar a todos para vivir bien y en paz; ajustar los impuestos de los que, en buena hora, ganan más; exigir que rindan cuentas a aquellos que acumulan dinero mal habido; que las empresas opten por trabajar de manera honesta; que el Estado asuma las responsabilidades que le corresponden, que las leyes sean productivas y que pueda ser de conocimiento público la vida económica de cada funcionario del Estado, que se conozcan sus signos de riqueza, sin distinción, que se reestructure la organización en los Ministerios y oficinas públicas sean Municipales que Regionales; se deben reducir los gastos en las cárceles donde no se produce nada, sino malestar general, de los presos y del vigilante. El antídoto es la honradez, que está muy escasa entre nosotros.

El ciudadano que puede vivir con honestidad y sin pensar en el dios dinero, que contribuye al desarrollo del país, que se perfecciona día a día, que estudia, se esfuerza y que muchas veces tiene hermosas oportunidades, que vive una especial experiencia, esa persona participa en un sistema democrático, pertenece al mundo donde realmente se le permite vivir en paz. Así quisiera que sea en el Perú. Amén…

Muy atentamente
Carlos Zumarán Calderón
carlos.zumaran39@gmail.com

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