El coronel Cáceres y el legendario Batallón “Zepita”

*Juan Urbano Revilla XXXII CMLP

Tarapacá es el resplandor de las causas justas en la penumbra de la infausta guerra declarada por Chile a Bolivia y al Perú. Es el aliento de los hombres de armas, que de la adversidad reciben los laureles de la victoria, solo para sumar fuerzas y enfrentar al invasor – una y otra vez más – en lid suprema de heroica resistencia.

  • La guerra
    El estallido de la guerra en 1879, fue recibido en Lima con equivocada confianza, al estar aún reciente los laureles del 2 de mayo de 1866; pero rápidamente se hicieron evidentes las deficiencias en la preparación naval y terrestre, acumuladas desde años atrás y reflejo de la incomprensión de los asuntos militares, se catapultó el corolario de la grave crisis económica derivada de la “prosperidad falaz”, y quedó la sentencia, cual “espada de Damocles”, a la que nos condenó la incapacidad política de las clases gobernantes. Ante ello, la guerra solo podía definirse en el enfrentamiento de soldado contra soldado, hombre contra hombre, con tropas mal equipadas y solo imbuidas de las fuerzas morales, del deber y el espíritu de sacrificio, donde el soldado asumió el más duro rol de los mortales, ofrendando hasta la vida por la defensa del suelo patrio, contra las tropas chilenas preparadas y también trastocadas en soldadescas sin control.
    La campaña terrestre
    La gloriosa campaña naval que ocupó los primeros meses de la guerra no pudo evitar que nuestras dilatadas costas queden a merced del adversario y se desencadene la campaña terrestre.
    En tales circunstancias se dio inicio a la acción valiente y denodada del ejército profesional que se encontraba ubicado en el sur de la patria. Las primeras acciones de combate tuvieron lugarel 2 de noviembre de 1879 en el puerto de Pisagua, donde los 1,095 efectivos aliados de Perú y Bolivia allí acantonados, enfrentaron el desembarco de unos 10,000 efectivos chilenos, más 900 caballos y 36 cañones, a quienes opusieron ocho horas de intenso combate, hasta que superados en cantidad continuaron la lucha terrestre, batiéndose a sangre y fuego,por siete horas más,calle por calle, acción que terminó en el saqueo de la ciudad por parte del invasor. Luego el 19 de noviembre, en el cerro San Francisco, se desarrolló la fallida batalla emprendida sorpresivamente por el Ejército Aliado, acción que en pocas horasculminó en el desconcierto y retiro del campo de batalla, con el repliegue de varias unidades bolivianas a su país. Por su parte, las fuerzas peruanas emprendieron una ardua marcha nocturna en dirección a Tarapacá; las tropas fatigadas, sin prendas de abrigo, desechos su calzado por el largo desplazamiento desde Pisagua, extenuados los mulos que transportaban la artillería, tuvieron que enterrar varias piezas para evitar que caigan en poder del enemigo.
    Las tropas peruanas estuvieron descansando en Tarapacá del 22 al 25 de noviembre, cuando empiezan a desplazarse por escalones hacia Arica. Cuatro Divisiones peruanas con unos 3,000 efectivos quedaron en Tarapacá al mando de los Coroneles Andrés A. Cáceres, Francisco Bolognesi, José Ríos y Bedoya; mientras dos Divisiones se adelantaron a la aldea de Pachica, distante 19 km, al mando de los Coroneles Herrera y Justo Pastor Dávila.
    Enterados los chilenos de la situación de las fuerzas peruanas en la quebrada de Tarapacá, organizan una fuerza de 3,900 hombres, superior en número a los peruanos, y se constituyen en tres columnas para rodearlos y atacar desde las cumbres de los cerros la madrugada del 27 de noviembre.
  • La Batalla de Tarapacá y el Coronel Cáceres
    Al tomar conocimiento de la presencia de las tropas chilenas, el Coronel Belisario Suarez, Jefe del Estado Mayor General, alerta a las fuerzas peruanas y ordena se tomen las alturas y cierren las entradas a la quebrada. El Coronel Cáceres, con la Segunda División a su mando, alcanzó las cumbres y enfrentó decididamente a la columna chilena que atacaba por las pendientes del oeste; por su parte la División del CoronelBolognesi, quien combatió enfermo, logró rechazar a la columna chilena que ingresaba a la quebrada por Huarasiña. Por su parte, el Coronel Alfonso Ugarte al mando del Batallón Iquique rechazaba valerosamente las sucesivas arremetidas chilenas. La batalla era intensa, las municiones se agotaban hasta llegar al combate cuerpo a cuerpo, en la búsqueda de la victoria, el campo de batalla era cubierto por numerosas bajas, quedando por momentos frenados los impulsos peruanos por falta de efectivos, hasta que ingresan los refuerzos de la División del Crl. Dávila, convocados desde Pachica, para dar nuevos bríos a la contienda, sellando la victorialuego de doce horas de una lucha digna de las épicas lides de la historia militar.

    El Coronel Cáceres relata en sus memorias los momentos gloriosos de la victoria de Tarapacá:

    “La 2ª División a mi mando estaba alojada en la parte occidental del pueblo, próxima a la pendiente de ese lado de la quebrada. Hacia las ocho de la mañana encontrábame ya a acaballo disponiendo la marcha de mi división, y los soldados comían su parco rancho, consistente en una ración de “mote” y “charqui”. En tales circunstancias vino corriendo uno de mis oficiales a darme el inesperado aviso de que fuerzas enemigas avanzaban, casi al borde de la quebrada por las alturas oeste que dominan al pueblo…Decidí pues ir al encuentro del adversario que bordeando la quebrada estaría pronto a la altura del pueblo y se nos echaría encima… Y a dicho efecto, ordené inmediatamente el fraccionamiento del batallón Zepita en tres columnas… debiendo ganar la altura sin hacer fuego hasta haber llegado a la meseta…”.
    “Mis bravos del Zepita y del 2 de Mayo treparon todo lo rápidamente posible que fue la fragosa cuesta… Cuando nuestras tropas alcanzaban la arista de la pendiente, la artillería contraria embocó sus tiros contra ellas, para barrer su acceso a la meseta y precipitarlas hacia el fondo de la quebrada. Pero pudo más la irresistible impulsión hacia delante de los nuestros. Y una vez en la altipampa mandé desplegar en guerrilla, y seguidamente avanzar sobre el enemigo y romper el fuego a unos 150 metros de distancia.
    Los chilenos ya desplegados en línea de batalla nos recibieron con una granizada de balas, causándonos cuantiosas bajas; pero no pudiendo frenar el ímpetu del Zepita comenzaron a ceder. Ordené entonces que la columna de la derecha cargase a la bayoneta contra la artillería enemiga, carga que ejecutó brillantemente, destrozándola y apoderándose de cuatro piezas …
    Fue sangriento este primer combate, que había durado cerca de tres horas; y nuestras pérdidas de consideración. Allí cayeron el valeroso coronel Manuel Suarez, jefe del 2 de Mayo, y los no menos valientes comandante Zubiaga y mayor Pardo Figueroa. También mi hermano Juan cayó mortalmente herido…
    No había transcurrido aún una hora de estar en mi nueva posición, cuando a eso de la una de la tarde vi, como ya lo presumía, aparecer de nuevo en línea al adversario, fuertemente reforzado. Ordené entonces el avance a “paso de carga” de mis tropas; y comenzó un segundo combate con un violento fuego de fusilería, durante el cual bregóse con varia fortuna hasta que los chilenos fueron constreñidos al retroceso, dejando dos cañones más en poder del 2 de Mayo.Pero luego tornaron las tropas enemigas al empeño, animadas por sus oficiales, desarrollándose entonces una lucha frontal en toda la línea. Compelido el adversario varias veces a perder terreno, rehacíanse otras tantas con porfiada tenacidad. A nosotros se nos agotaban en tanto las municiones…”.
    “En tal situación, un escuadrón chileno cayó sobre las columnas Loa y Navales, las cuales sin tiempo para formar el “cuadro”, estuvieron a punto de ser acuchilladas; pero se le enfrentó rápidamente el batallón Iquique del coronel Alfonso Ugarte, y con un nutrido fuego de fusilería detuvo al escuadrón enemigo y le compelió a volver riendas.
    Las tropas estaban agotadas por tan repetidos esfuerzos, y habían sufrido copiosas pérdidas. Afortunadamente llegaron a tiempo tropas de la sexta división… Este oportuno refuerzo me permitió combinar la presión frontal con un vigoroso ataque desbordante por la izquierda del contrario…
    Abandonaba ya el enemigo sus últimas posiciones cuando llegó la división Dávila y avanzó resueltamente sobre su flanco izquierdo haciéndole descargas cerradas de fusilería. Y luego, ante tan robusta y ulterior acometida en amplio frente, con todas las fuerzas disponibles, fue desbaratado el adversario, el cual huyó a la desbandada por las pampas de Isluga, y abandonando sus dos últimos cañones, que mandé entregar al artillero mayor Carrera, ordenándole que los empleara contra el chileno en fuga.Sobre las cinco y media de la tarde quedaba terminada y decidida la batalla.
    Iniciada la persecución, avanzamos acosando al enemigo hasta cerca del cerro Minta, donde hubimos de detenernos. Y con las postreras luces del crepúsculo contramarchamos a Tarapacá.

                              Batalla de Tarapacá, Óleo de Aguirre Jaramillo (1926), en Museo del Parque Reducto Nº 2, Miraflores

El legendario Batallón “Zepita”
Este emblemático batallón del Ejército del Perú fue creado en la época de la independencia, en honor a la victoria de las fuerzas peruanas en la Batalla de Zepita del 23 de agosto de 1823; en dicha contienda de la segunda campaña a Puertos Intermedios,efectuada en las alturas de la localidad de Zepita, en el departamento de Puno, derrotaron a las tropas realistas del General Jerónimo Valdés.
En 1827, el Batallón “Zepita” aparece en la Lista de Revista del Ejército, y desde entonces participó en los continuos avatares de guerra de la naciente república, sólo variando en cantidad y numeración, de acuerdo al orden de batalla que le fuera asignado en la organización del Ejército.
En 1872, el entonces Tte. Crl. Andrés A. Cáceres es nombrado jefe del Batallón “Zepita” que se encontraba en Lima. En 1874, luego de realizar unas misiones en Chanchamayo, el Batallón Zepita al mando de Cáceres es trasladado a Moquegua, donde sofoca la rebelión liderada por Nicolás de Piérola; por dicha acción, Cáceres recibe el ascenso a Coronel.
En mayo de 1877, se produjo una nueva rebelión en la que Piérola y sus partidarios tomaron el control del Monitor Huáscar; y en las acciones para aplacar dicho movimiento, el Batallón “Zepita” forma parte de las unidades del ejército movilizadas al mando del Ministro de Guerra y Marina, General Pedro Bustamante. Luego, en setiembre de ese año se produce un motín en el Cusco, promovido por facciosos simpatizantes de Piérola;entonces el Batallón “Zepita” es trasladado a dicho departamento, para restablecer el orden. Allí, el Coronel Cáceres asume interinamente la Prefectura del Cusco, desde diciembre de 1877 hasta mayo de 1878, efectuando una destacada labor de gobierno local, manteniendo el mando del Batallón “Zepita”.
Declarada la guerra en 1879, el Batallón “Zepita” acude desde el Cusco a los campos de batalla del sur de la patria, donde sus hombres se cubrieron de gloria eterna en la épica jornada de Tarapacá.
Sobre la actuación del Batallón “Zepita”, dice el Parte de la Batalla peruano:
“Llegada a la altura, la 2ª División emprendió uno de esos ataques que todo lo arrolla y que tiene en su impetuosidad y arrojo la mejor garantía del éxito… El Zepita, rompió los fuegos a poca distancia del enemigo, lanzándose seguidamente a la carga con bayoneta, haciendo retroceder al adversario y tomándose los cuatro cañones, que a la derecha vomitaban metralla. Reforzado por el batallón 02 de Mayo continuó la ofensiva rompiendo la línea y haciéndola girar hasta dar frente a Quillahuasi, es decir, a donde habían tenido la espalda al comenzar el combate”.
Después de esta dura contienda, donde el Batallón “Zepita” había perdido a uno de sus jefes, el Tte. Crl Juan Bautista Zubiaga, fue reconstituido con los restos del Batallón “02 de Mayo”, y marchó hacia Arica. Siguiendo su derrotero de honor, el Batallón “Zepita”, al lado del Coronel Cáceres, estuvo presente en las batallas de Tacna (1880), en San Juan y Miraflores (1881), en Pucará y Marcavalle (1882), y en Huamachuco (1883).

Oficiales del legendario Batallón Zepita

Actualmente, su memoria y estirpe heroica, son portadas por el Batallón de Infantería Motorizado “Zepita” Nº 7, acantonado en Cajamarca.

Los hombres de Cáceres
El Coronel Cáceres, rinde tributo al arrojo y valor de sus hombres en Tarapacá, mencionando en sus Memorias, los duros momentos afrontados en forma heroica, tal como manifiesta:
“No puedo olvidarme del heroísmo del alférez Ureta, de la compañía primera de la columna de la derecha, que inflamado por un ardiente entusiasmo patriótico se montó sobre un cañón chileno, lanzando estruendosas vivas a la patria. Tampoco me olvidaré de un acto del comandante José María Meléndez, veterano de la columna naval, uno de los primeros en unírseme en el asalto al enemigo. Cuando derrotados los chilenos y cansados nosotros de perseguirlos, desfallecíamos de sed y hambre, al extremo de que me vi obligado a humedecer los labios de algunos de mis soldados con pequeñas rodajas de un limón que llevaba en uno de mis bolsillos, el comandante Meléndez se apareció de repente, cargando un barril de agua que aplacó la sed de esos valientes. Y como este, tantos otros episodios de coraje y de entusiasmo”.

 

Vencedores sobrevivientes de la Batalla de Tarapacá.

El legado de Tarapacá
Tarapacá es el fulgor de la victoria en la oprobiosa jornada de guerra declarada por el enemigo, es el estandarte del genio militar de Cáceres, que ni el fuego del adversario, ni la pérdida de su hermano Juan, -herido y muerto en sus brazos en plena batalla-, abaten su espíritu guerrero.
Tarapacá es el valor, arrojo y disciplina del soldado peruano que, en su hora máxima, llevando solo las fuerzas morales del amor a la patria no vacila en pelearcuesta arriba hasta llegar al cuerpo a cuerpo para arrollar las cinco embestidas que desde las alturas acometieron las tropas chilenas en su lucha en aquellas cumbres del sur.
Tarapacá es la rabia del soldado peruano que no puede perseguir más al enemigo que huye del campo de batalla, escapando de la total destrucción solo por la escasez de nuestras municiones; pero, también es impulso para el soldado peruano que está lleno de convicción para enfrentar al invasor nuevamente las veces que sean necesarias, en cualquier condición y sin arriar jamás el pabellón nacional, como lo demostró en las más cruentas acciones de la guerra que siguieron en las jornadas de Tacna, Arica, San Juan, Miraflores, Pucará, Marcavalle, Concepción y Huamachuco.

¡GLORIA ETERNA A LOS VENCEDORES DE TARAPACÁ!

Aniversario de la Batalla de Tarapacá, en Plaza Bolognesi, 1925

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* General EP, Master of Science in National Resource Strategy graduado en la “National Defense University” – Washington D.C.- USA y en el “George C. Marshall, European Center for Security Studies”, en Garmish-Partenkirchen – Alemania, así como en otros centros de estudios militares de Canadá, China y Colombia. Se graduó en la Escuela Militar de Chorrillos, Ingeniero Militar. Es Investigador y Miembro de Número del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú. Además, es Ingeniero Civil en ejercicio, con posgrados en universidades nacionales; cursando el Doctorado en Ciencias Sociales con especialidad en Historia en la UNMSM.

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