Cómo manejar la crisis

Cuando vivimos en período de vacas flacas debemos pensar, hacer uso de nuestra inteligencia, de nuestro don de gentes. La primera palabra que se me ocurre es solidaridad, me preocupo primero por la alimentación y la salud.  Esto sucedió cuando, a comienzos de año, hubo las lluvias y huaycos en el norte. Pensando a nivel de la familia, en época de dificultades, debemos ver quiénes tienen más necesidades y hay que tratar de ayudarlos para que reduzcan sus angustias, sus preocupaciones. Si soy yo el que vive dificultades económicas, comeré en un plato más pequeño. Si estoy bien, compartiré mi comida con alguien de la familia, amigos íntimos, vecinos o con quien tenga confianza. Muchas veces por vergüenza, no solicitamos ayuda, no lo sabemos pedir, asumimos que es humillación y en verdad, no lo es.
Toda enfermedad debe ser curada, eliminada sin que se piense en su costo. Se verá cómo se paga directamente o mediante colectas promovidas por nuestra santa televisión. Se me ocurre que se haga fanfarria, como la saben hacer muy bien, para crear los fondos; podrían crearse cupos para este noble fin y sobre todo a los entrevistados -que se mueren por aparecer en pantalla- como personajes públicos, ellos que son tan honestos. También mi auto lo compartiré con otras personas que necesiten movilizarse, ahorrarles tiempo y costo de pasaje, si está a mi alcance.
Si fuera gobernante reduciría las facturas de electricidad, del gas y del agua, reconociendo la reducción de impuestos a las compañías suministradoras, al disminuir sus ingresos. A quienes no pueden pagar el alquiler de su casa se les reduciría -temporalmente- un buen porcentaje del valor y a los propietarios se les consideraría en el pago de sus impuestos. Pediría a los acreedores que perdonen parcialmente a sus deudores hasta que se demuestre que ya están en condiciones de pagar, no se les cargaría los intereses. Si no tenemos compasión, vivimos en una sociedad adormecida que le gusta celebrar cualquier tontería, con gran dispendio, presa de actitudes egoístas.
Ahora, lo antes mencionado, si lo llevamos a nivel nacional y regional, si asumimos las mismas actitudes en los diferentes medios que frecuentamos, podemos ver que es muy posible hacer el bien, pues lo hacemos por nuestro país. Aprenderemos a tomar decisiones, que será pensando en un futuro mejor. Un ministerio clave para generar solidaridad es el Ministerio de Trabajo, donde las intenciones de las partes deben ser conciliadoras para obtener beneficio común. Muchas veces la confrontación es provocada por pugnas ajenas que resultan improductivas pues los empleadores no aumentan sus ingresos, los trabajadores resultan mal pagados y el Estado cobra menos impuestos. Cuando no hay conciliación todos perdemos y cuando la conciliación prevalece todos ganaremos. La política económica y social debe ser igual para todos, razonable.
Un buen gobierno puede hacer un efectivo uso parcial de sus reservas, programando la ejecución de proyectos que den la oportunidad de generar trabajo que refuerce nuestra economía. Los proyectos para beneficiar a una buena mayoría deben estar uniformemente distribuidos en todo el país; los proyectos deben tener objetivos reproductivos, para que una vez implementados, generen los ingresos que sirvan para pagar impuestos al Estado, y así estos ingresos para que sean invertidos en más obras públicas.
Antes de terminar, pienso en el Rey Salomón, que puede inspirarnos con su sabiduría para que nuestros dirigentes políticos puedan tomar decisiones que nos orienten a desarrollar y no solamente a crecer, a diferencia de las malas acciones de nuestros pasados dirigentes que solamente han beneficiado a unos cuantos. Pido a los actuales dirigentes de que actuen así:  Haz el bien sin mirar a quien. Si tienen fe, tendrán éxito.
Creo que el resultado de buenas acciones unirá más a los peruanos y de esta manera podremos resolver una infinidad de problemas.  Las intenciones se conocen  y si son buenas, la confianza reinará. Pero en verdad, hoy no pasa nada, lamentablemente parece que hemos caído en un ambiente de manos indiferentes y noto que ya se acaba la tinta de mi tintero. Como dice la Biblia quien escucha que entienda…

Muy atentamente
Carlos Zumarán Calderón

Arequipa y arequipeños: gracias por haberme acogido.

carlos.zumaran39@gmail.com

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