Dejemos que trabaje la naturaleza

Dejemos que trabaje la naturaleza

Nuestras buenas intenciones, discernimiento y nuestro poder de decisión, nos capacita para hacer trabajar la naturaleza, que pueda prodigarnos todo el potencial que posee, de manera de beneficiarnos y ayudarnos mutuamente. Es la buena ocasión de practicar la fraternidad, además de crear riqueza.

Recorriendo el Perú de cabo a rabo, podemos encontrar en cada lugar muchas posibilidades de explotación de nuestros recursos naturales -que están dormidos- sea en estado natural, como en obras ejecutadas existentes. En cada Región, las mismas que requieren ser re-estructuradas completamente, se encuentran materiales para producir muchas cosas. Debemos sembrar pensando en una buena cosecha. El agua en la tierra, después de haber sembrado las semillas, hace que la naturaleza nos entregue frutos; hay miles de posibilidades. La agricultura, según las circunstancias, nos puede aportar múltiples productos que transformados, nos alimenten sin problema. En la misma tierra es posible dedicarnos a la cría de animales, que nos darán leche, huevos y carnes.

Mi mejor experiencia es conocer el buen uso y empleo del agua; creo con seguridad que allí se encuentra la solución -puedo explicarlo si me lo permiten- para que nuestro país salga del subdesarrollo, donde injustamente se encuentra, pudiendo cambiar radicalmente nuestro destino. Este caso ha sucedido ya en otras partes.
Los glaciares, en desaparición, constituyen hermosos reservorios -gracias a la baja temperatura que los conserva, ellos -antes- constituían un embalse, en estado sólido. Con el calentamiento global, ocurre el deshielo, el agua se pierde y discurre por las quebradas y valles perdiéndose en el mar; luego se evapora y se forman nubes que fluyen rápidamente, convirtiéndose en lluvia, que vuelve y cae en las alturas. Al escurrir por los cauces, producen -a veces- inundaciones, que afectan a muchas ciudades las que no están preparadas, para drenar caudales imprevistos.

Con todo lo que puede producir el Perú, es posible alimentar al mundo, convirtiéndolo en despensa, utilizando los recursos no explotados, transformando y haciendo productivos sus extensos territorios. Los gobernantes que hemos tenido -por encontrar la plata fácil y hacer un poco de caja personal- han optado por entregar los minerales a cualquier precio, que son saqueados fácilmente, sin pagar el impuesto justo. Los mineros hacen su trabajo, como les es normal (esos son sus intereses), pero no es justo para nosotros los peruanos que, de esta manera, mantengamos la miseria. Los mineros deberían ser proactivos al desarrollo social y de esa manera podrían ayudar a los pueblos a reencontrar una mejor calidad de vida; también ellos se beneficiarían, creándose un bienestar de todos los integrantes de la familia minera. El diálogo es muy importante.

Las inversiones extrañas en Lima, en el campo inmobiliario, no ayudan al desarrollo del país y no se sabe de dónde salen los recursos para financiar todas las construcciones, que los bancos apoyan a su realización, en desmedro de las provincias del Perú.

Debemos imponernos sueños -que cumpliremos- para que Perú encuentre su verdadero destino; seamos luz para otros pueblos explotados del planeta. Así se limitará la migración angustiosa de tanta gente, que viaja exponiendo su vida con el deseo de encontrar un mejor destino. Con esta actitud, no hacemos mal a nadie.

El dinero lo hemos simbolizado como el poder de hacer las cosas, pero él, guardado en los bancos, sólo se usa como una reserva teórica, creada para manejar negocios con fines comerciales que no crean trabajo ni riqueza que pueda alimentar a los que más necesitan. Esa es la lucha inventada y traducida mañosamente entre izquierdas y derechas, que no son sino formas de confundir, utilizando los recursos naturales, a expensas de la explotación de seres humanos.
El que tiene oídos, que escuche y que lo digiera en su cerebro; veremos que el explotador como el explotado lo entienden perfectamente, haciéndose los estúpidos, entre tanto hay unos que fungen de muy moscas y otros resultan los muy idiotas.

Es hora que nos identifiquemos, si queremos vivir en un lugar de paz, o vivir en guerra, para aprovecharnos de los débiles, donde Alí Baba con sus cuarenta ladrones, viven desnaturalizando el destino de este país, que se merece otra cosa. Si a nuestros actuales dirigentes no les da la gana de cambiar, ellos morirán, serán identificados y reconocidos como creadores de un infierno en la tierra.

Muy atentamente
Carlos Zumarán Calderón
Montreal, 28 de julio 2018 Feliz 28 de julio a todos los vivos, también a los tontos.
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