9.16. CMLP XVI – 1959/61

EL HALLAZGO MÁS HERMOSO DE NUESTRAS VIDAS
– ¡Tercer año, al paso ligero, rumbo al estadio… marchen!
Fue el momento de la despedida de nuestros padres que se encontraban situados en el lugar donde se encontraba el almacén general.
– ¡Levanten los brazos con los puños cerrados a la altura de la cintura!… ¡Marchen… marchen… carajo!

No, nos atrevíamos a mirarnos las caras, sólo mirábamos la nuca del compañero de adelante y, muy sorprendidos,  y asustados, corríamos, aún vestidos de civil, rumbo al estadio para recibir las prendas que nos convertirían en soldados. Cada uno de nosotros meditábamos y mentalmente nos despedíamos de nuestra selva, sierra y barrios costeros, se cumplía uno de los primeros grandes sueños que tiene el hombre en su vida… ya pertenecíamos al Colegio Militar Leoncio Prado. Mientras recibíamos costalillos en los que íbamos acomodando, no sólo nuestros anhelos, sino también: uniformes, sábanas, frazadas, pijamas, ropa interior y otras mudas; los monitores nos auscultaban, dentro de su dureza militar, recordaban sus tiempos tan inolvidables para cada leonciopradino.

Es cosa seria convertirse en un bravo soldado del viejo cuartel de La Guardia Chalaca, fueron momentos de nuestra adolescencia… tan hermosos, como inolvidables. “Los peruanos pasan” marcha militar que ha quedado en lo más profundo de nuestros seres, sentimos por vez primera el orgullo de ser descendientes de Leoncio Prado, Francisco Bolognesi, Miguel Grau, José Olaya y Alfonso Ugarte, cuando desfilábamos por el patio central en cada ceremonia festiva. Orgullosos también de los legados y enseñanzas de nuestras promociones superiores al constatar que estábamos formados plenamente, no sólo marchando, sino que nuestro carácter era distinto al que teníamos cuando ingresamos, nada podía ser imposible, todo leonciopradino está formado para revertir las adversidades de la vida.

Todas las sangres se unían, veníamos de colegios estatales y privados, así como de Venezuela, Bolivia y Panamá, la excelencia de nuestro centro educativo militar había ya cruzado las fronteras. Vivimos una emocionante experiencia, los primeros días fueron llenos de prácticas castrenses y, poco a poco, fuimos convirtiéndonos en una de las más unidas de todas las promociones, gracias a un gran militar y caballero, el Capitán E.P. Jorge Ciurlizza de la Guarda, con sus tenientes Víctor Aguirre Moreno, Oswaldo Sandoval Castro, Guillermo Bringas Arbaiza y Luis Donoso Barrionuevo fueron los grandes forjadores de 450 adolescentes que logramos alcanzar una vacante en el prestigioso Colegio Militar Leoncio Prado, cuna de excadetes que siguen siendo reconocidos en el Perú y extranjero. Logramos, al culminar nuestros estudios, ser la promoción con mayor número de cordones de honor y de los niños que ingresamos con mil preguntas, hoy tenemos como orgullo de la Decimosexta Promoción a destacados profesionales: Médicos, políticos, abogados, militares, ingenieros, poetas, escritores, administradores, antropólogos, empresarios, artistas internacionales y deportistas campeones sudamericanos en esgrima y atletismo. Nuestra escolta fue considerada una de las mejores de Sudamérica.

La Décimosexta Promoción, jamás olvidaremos el primer toque de silencio que tocaba el corneta de turno a las 21:00 horas; era el momento de estar vestidos de pijama y bien arropados en el camarote, sufrimos la nostalgia de la familia, de los amigos del barrio, de los distintos colegios que quedaron sin nuestra presencia, poco a poco nos fuimos haciendo fuertes, las costumbres de viejas tradiciones sirvieron para endurecer nuestro carácter y la excelencia de nuestros profesores nos hicieron estar preparados para llegar a cumplir con nuestras metas trazadas y cuando egresamos cada uno conocía el camino por emprender y hoy, con nuestras familias, vivimos agradecidos a nuestra querida alma mater. Sufrimos nuestra separación y fue duro acostumbrase a ello, damos gracias a los hermanos que crearon “Los dieciséis de la dieciséis” porque volvimos a estar ya no en nuestras cuadras, aulas y comedor, ni mucho menos completos, pero sí, cada viernes en nuestro viejo rinconcito retornamos a aquellos años de hermosa juventud e inolvidable convivencia estudiantil. Héctor Wong, presidente de promoción, y Daniel Mojovichuestro, coordinador, son la mejor herencia de organización de los iniciadores de nuestra continuación de la gran hermandad leonciopradina.

Con los hermanos que encontraron la forma de volver a unirnos hasta el día de hoy, vivimos felices por nuestra gran hermandad y, sobre todo, por nuestro… ¡Hallazgo más hermoso de nuestras vidas!… ¡El Colegio Militar Leoncio Prado!
¡SEGUIREMOS BRILLANDO, SIEMPRE, COMO AZUL HOGUERA!
Rodolfo Mendoza

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