9.02. CMLP II – 1945/47

A principios del mes de abril de 1945, una mañana llena de sol, de calor y humedad, llegábamos al local que ocupa el Colegio Militar “Leoncio Prado”, en la avenida Costanera, distrito de La Perla, Provincia Constitucional del Callao. Ese día nos internábamos en calidad de cadetes integrantes de la Segunda Promoción. Ya el local estaba ocupado desde el año anterior por los alumnos de la Primera Promoción. El local bastante antiguo, había sido cuartel de la Guardia Chalaca, años después fue campo de concentración de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, para luego servir de hogar a los inmigrantes que desplazados de Europa por efectos de la Gran Guerra, llegaban al Perú en pos de una vida mejor.

Ese era el local asignado al Colegio Militar, y allí, llegamos unos 280 a 300 alumnos que procedentes de diversos lugares del Perú, habíamos logrado nuestro ingreso, luego de aprobar rigurosos exámenes de conocimientos, de aptitudes físicas y médicos.

Fuimos más de cuatro mil los postulantes al CMLP, que ya asomaba como el mejor plantel de Educación Secundaria en todo el país.

Un grupo de oficiales y suboficiales del ejército, apostados en la puerta, indicaban a cada nuevo alumno, el lugar que les correspondía. Nos habían dividido en 10 secciones. En los almacenes, nos hicieron entrega del uniforme que desde ese mismo instante íbamos a usar y de las prendas de cama.

Las de cama comprendían dos frazadas, cuatro sábanas y dos fundas de almohada. El uniforme consistía en una camisa con dos bolsillos sobre el pecho y un pantalón de drill color verde bronce; también nos entregaron dos pares de zapatos negros tipo botín y dos toallas. La tela de los uniformes era de mala calidad, a la primera lavada se destiñeron y encogieron.  Nosotros con el correr del tiempo crecíamos y los uniformes con cada lavada se achicaban, que difícil entrar en esos uniformes. Pero nada de ello importaba, ni tampoco importó el bautizo a que fuimos sometidos por nuestros padrinos de la Primera Promoción. Éramos parte de una juventud selecta, que se levantaba y emergía ya como sangre, músculo y nervio del porvenir.

Nos sentíamos seguidores del Héroe inmortal LEONCIO PRADO. Su juventud y gallardía lo hacían brillar como un Dios-Sol, y sus luchas por la Justicia y la Libertad lo hacían el máximo exponente de nuestra raza. Desde niño fue héroe y amaba a su Patria el Perú, pero también como Bolívar tenía pasión por la América, a la que quería libre de toda dominación viniere de donde viniere.

Por todo ello éste guerrero que utilizaba de sus propias tácticas para luchar nos subyuga y nos estremece.  Estaba escrito que la Segunda Promoción tuviera su niño-héroe, su nombre DUILIO POGGI GOMEZ, forjado ya en las enseñanzas que se impartían en nuestro Colegio, de honor, dignidad y respeto, perdió la vida al salir en defensa de una dama vejada en el interior de un tranvía por un hampón. Así el joven y gallardo cadete, en brazos de la gloria alcanzaba los umbrales de la inmortalidad, ocupando el lugar que les corresponde sólo a los predestinados.  Era un aciago 28 de diciembre de 1946. Han pasado 48 años de nuestro ingreso al Colegio Militar, casi medio siglo, que en la vida de los pueblos y de las instituciones es como un soplo, como un canto rodado de nuestros majestuosos Andes, como una gota de agua en el mar, pero que en la vida de las personas es casi toda su vida misma. Sin embargo, los tres años que pasamos en el Colegio Militar “Leoncio Prado”, son los más trascendentes. Aquellos maravillosos años jamás los podremos olvidar, como tampoco olvidaremos a aquellos que tuvieron que emprender el viaje sin retorno; como tampoco lo haremos con nuestros directores José del Carmen Marín Arista y Juan Mendoza Rodríguez, nuestros maestros Manuel Velasco Alvarado, Julio Chiriboga, Guillermo Rosemberg, Mario Revoredo, Anaximandro Vega, Luis Bedoya Reyes, Fla vio Vega, Napoleón Zegarra, Walter Peñaloza, Juan Tauro del Pino, Jorge Cárdenas Burga, Felipe Tiravanti, entre otros; nuestros oficiales, Ernesto Montagne Sánchez, Urías Santillán Arista, José Graham Hurtado, Andrés Condado, Rómulo Reaño, Pedro Berta, a quienes escucharnos N’ admiramos, no como el siervo que ha abdicado su personalidad, ni como el hipnotizado que tiene su personalidad inhibida sino como el alumno reflexivo’ atento que supo asimilar sus enseñanzas. A todos ellos, así como, a nuestro insigne Brigadier General, Luis Nlarchand Stens, podernos decirles que en todos estos años fuimos fieles a nuestro lema ‘Disciplina, Moralidad y Trabajo”, y, que por siempre mantendremos “ALTO EL PENSAMIENTO COMO UNA BANDERA”.

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