7.3. CMLP Futbol Club, 1953

Días atrás, para ser más exactos el viernes pasado, recibí una llamada de nuestro presi, Kique Wong, quien me dijo: “qué mejor oportunidad, ahora, que se inician los Juegos Deportivos Leonciopradinos, para hacer una remembranza, después de 45 años, del equipo campeón nacional Juvenil de Fútbol del 53”. Me pareció una excelente idea y me comprometí a colaborar con una nota al respecto. Esa misma noche me senté en la sala de mi casa y comenzaron a desfilar por mi mente tantos gratos recuerdos.

No sabía cómo empezar; quizás algunos de ustedes se aburrirán al leer estas líneas pero también tengo la cer-teza que muchos otros recordarán y gozarán conmigo. Este equipo se formó gracias a la pupila y decisión de un gran Oficial, así, con mayúsculas, el comandante Víctor Villarán Rueda quien, como subdirector, era el hombre operativo del Colegio Militar. Cuando se dan las bases del Primer Campeonato Nacional Juvenil de Fútbol se inscribieron muchos equipos de todo el país (64). De los clubes de Primera división, cuatro de ellos tenían jugadores del CMLP Por reglamento de nuestro Colegio, para poder participar se tenía que conseguir el permiso del plantel. Es aquí cuando Villarán pensó que si había ese número de jugadores, ¿por qué no formar un equipo propio? Se reunió con el entrenador – Raúl Chappel y se convocó una preselección abierta de los tres años. Existían jugadores en cantidad; hasta cuatro jugadores por puesto de excelentes condiciones. En ese momento se decidió inscribir al equipo, pero como las bases no permitían participar a colegios se tuvo que presentar como “Club Leoncio Prado” Esto daba margen para conseguir algún refuerzo y, así es como nace la carrera futbolística de uno de los más grandes jugadores peruanos: Juan Seminario, hermano de Miguel, cadete de cuarto año, quien venía interdiario al Colegio pues no era precisamente muy pegado a los libros, dicho sea de paso. Así es como se dio la partida de nacimiento de un gran equipo, del cual me siento muy orgulloso por haber estado dentro de los promocionales que los conformaron. Al principio, éramos 18 y, al final, quedamos 13 de la Octava. Entre ellos estaban: “5 para las 6” Sensebé, el cholo Cashú, el Toro García, Mandril Valdivia, el Quieto Lenci, el Ponja Okada, Choricito Corvacho, Tortuga Melgarejo, el negro Palacios… también alternaron las dos “ratas”: Ward y Ayín; Conchini Zevallos, el loco Migliori, el gringo López Ródenas, Guillermo Arbe… y que me perdonen los que involuntariamente olvido. A ellos se sumaron Miguel Seminario, el pecoso Sacco Vértiz, el Colorao Rosselló, el Cholo Brandes, Nando Salaverry, de cuarto año; y los perros: E Muelón Franco, Natacha Rivero, el Pela(Raygada y el loco Seminario, el único no alumno en este grupo de hermanos, porque convivimos por más de tres meses y medio juntos. Nos levantábamos a las 6 de la mañana, hacíamos ejercicios hasta la 7.30 y, después, igual que todos, a clases. Al medio día partido de práctica de 90′ tres veces a la se-mana y con equipos de Primera; no salíamos los sábados porque los partidos eran los domingos; recién, después de los partidos, íbamos a nuestras casas. Como contraparte nos daban una salida extraordinaria el lunes o martes. Todo este sacrificio fue lo que permitió conseguir ese gran campeonato.

Volviendo a la inscripción, nos evaluaron y fuimos aceptados, y los dirigentes de la Asociación Central de Fútbol, dolidos por no haber obtenido el permiso de sus jugadores, nos pusieron en la serie más brava, alternando con Alianza , la “U”, Boys, Centro Iqueño, etc. para eliminamos porque solo clasificaba el campeón de cada serie. Y dimos la gran sorpresa… para ellos, por supuesto. Campeonamos en la serie, invictos. Recuerdo que definimos con el Alianza en el cual jugaba el Conejo Benites, otra gloria del fútbol peruano: Otoya, Bazán, y otros que altemaban en el primer equipo. Les ganamos 1 a 0, con gol del loco Seminario. Después del partido el camarín era una loquería; nos abrazábamos con el comandante Villarán y el teniente Merel, Raúl Chappel, los jugadores y nuestra “torcida” que nos acompañaba todos los partidos. Por supuesto, al día siguiente en el Colegio un reconocimiento fabuloso… son tantas las cosas qué narrarles al respecto… Otros compañeros que compartieron todos estos momentos maravillosos seguramente podrían contarles con más detalles. Según las bases del campeonato, en la rueda final se enfrentaban los campeones de las ocho series. Como habíamos campeonado invic-tos en la serie más brava, ya nos sentíamos campeones. El sábado previo a nuestro debut en la serie final, el 90 % del equipo nos desbandamos… fuimos a algún lugar de La Perla o en el Callao —no recuerdo exactamente—a una reunión donde nos atendieron muy ‘cariñosamente’ y bien rociados, por supuesto. Recuerdo que llegamos al CMLP alrededor de las 3 de la mañana. Al día siguiente nuestro primer partido fue con el Defensor Lima, en el Campo Obrero de La Victoria y… nos ganaron 1 a O. Demás está decirles que al día siguiente del partido ninguno daba la cara, hasta que vino el mayor Escudero, quien nos dio un sermón que para qué les cuento. Se acabaron nuestros privilegios. Por coincidencia estábamos ad portas de Fieestas Patrias y… nos mandaron a desfilar. Nos sentimos tan adoloridos que todos hicimos la formal promesa de no perder un punto más, y así fue. Los siguientes partidos no solamente ganamos sino goleamos y campeonamos con amplitud siendo premiados, al final del campeonato por el mismo presidente de la República, general Manuel Odría. Lo tragicómico de todo esto es que cuando iniciamos el torneo, el comandante nos ofreció que si campeonábamos el equipo completo viajaba a Caracas. En ese entonces el coronel director tenía una gran amistad con el general Pérez Jiménez, presidente de Venezuela. Como todos recordarán, lo tuvimos en el Colegio en una oportunidad. Al parecer los recursos no se dieron o, tal vez, fueron promesas para motivarnos. Para compensar no sé a qué oficial se le ocurrió la genial idea de subimos 10 puntos en el promedio del último control académico. Se imaginan, casi todos Distinguidos y, algunos, de Honor… fue una frustración.

Como anécdota: gracias a nuestra exitosa campaña le dimos partida de nacimiento en la dirigencia deportiva nacional al entonces jefe de equipo, mayor Gustavo Escudero, así como a nuestro técnico, Raúl Chappel porque a ambos los nombraron en los mismos cargos del equipo peruano que asistió al Primer Campeonato Sudamericano Juvenil con sede en Caracas, Venezuela. Lo demás es historia. Para las estadísticas: el goleador del campeonato fue el loco Seminario. Y del seleccionado peruano que viajó a Caracas, nueve fueron integrantes del CMLP. Cuatro de la gloriosa Octava: el Cholo Cashú, la tortuga Melgarejo, el Ponja Okada y el Quieto Lenci. La mayoría de nosotros alcanzamos a jugar en la categoría profesional vistiendo las casaquillas de los mejores equipos del fútbol peruano.

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