Encuentro con el saltador desconocido…

Jose Luis Villavicencio – XIX CMLP

Fue en 1957, en un viaje que realizaba con mi madre. Nos dirigíamos a la ciudad de Huancayo en tren (el viaje duraba 12 horas pero era espectacular) en que por primera vez vi a un cadete leonciopradino. Él estaba con su uniforme y se puso a ayudar a una señora campesina a subir unos bultos. No importó que estuviera con su uniforme y que pudiera ensuciarse. Más valioso fue la ayuda. Esa imagen me impresionó mucho. Cuando le pregunté a mí madre quién era; me contestó: un cadete del Colegio Militar Leoncio Prado. Esa imagen caló muy profundo en mi espíritu de niño. Tenía nueve años.

Años después, en 1961, cuando vivía en Chiclayo, tierra de mi padre, y casi a finales de año, escuche en los altoparlantes de un carro la propaganda de un show artístico – deportivo a cargo de cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado. Ni corto ni perezoso, solicité mi propina, que no era mucha, para ir juntándola e ir a ver el espectáculo.

Llegó el gran día. El viejo coliseo de la Policía se encontraba lleno de almas juveniles que deseaban ver de cerca de los cadetes de aquel famoso y lejano Colegio Militar. El espectáculo se inició con un partido de básquet entre las selección del CMLP y de Los Aguiluchos, equipo campeón de Chiclayo. Obviamente ganó el Colegio Militar y, seguidamente, empezó el show con la fabulosa orquesta. Fue lindo escuchar a la tan bien organizada y armoniosa orquesta con el profesor Julio Blackz al frente, el gran “cabezón” Paredes en el saxo y el gran trompetista Sáenz Jumbluht (cuando lo presentaron en el coliseo se escuchó “tremendo cocodrilo”) a Coco Salomón retumbar las gemelas o a Lucho Cuadra en las tumbas (quien diría que, años después, lo haría yo). Ahí nos cruzamos con todos los chiclayanos que posteriormente ingresaron al Colegio Militar: Tito Arbulú, Calobeto Rivasplata, Chiqui Bazán, César Sánchez, Lucho y Jorge Casinelli, Coco Escurra, Victor Reaño, Fernando Fernández y muchos más hinchas de ese glorioso colegio. Después de ello solo cabía una acción: buscar cómo ingresar al CMLP.

Lo curioso es -y de allí el origen de esta crónica- que cuando compré el prospecto para saber cómo era el proceso del ingreso nos apuramos a sacar los certificados y venir a Lima para postular. Me impresionó la diversidad de uniformes, el cronograma de actividades diarias así como las fotos de cuanta actividad “íbamos” a participar. Me impresionó una foto de un cadete en un salto espectacular del trampolín de la piscina. Después, ya en el colegio, tuvimos ocasión de entrar a las frías aguas de dicha piscina y tirarnos del trampolín emulando al desconocido cadete (obvio, no me tomaron foto).

Pasó el tiempo y fue en los Juegos Leonciopradinos en que más se manifiesta el sentir leonciopradino, su famosa hermandad y lo que es mejor, el amor a nuestras camisetas promocionales.

En la XVIII promoción siempre hemos visto al gran Dante Yorgues dar todo de sí (hasta casi la vida) por competir por su promoción. Sin embargo, siempre veía a Carlos Salazar en toda participación defendiendo los colores de la suya. Comencé a seguirlo como a los maestros de las primeras promociones que son un orgullo y ejemplo y que ya tienen un lugar en la historia porque en cada participación era admirable su desempeño. Carlos, puro pundonor, líder, organizador y de gran calidad y carisma personal, se faja en cada una de sus participaciones y llueva o truene, con una pierna o sin ella sigue contagiando a sus compañeros, que -al igual que otras promociones- solo son alentadas por los mismos atletas y ahora por las promociones competidoras (eso es la integración y se dará en algún momento que se participe por hermandad y si alguna promo no completa su equipo estarán las otras para apoyarla).

Carlos nació en Bellavista, Callao, siendo sus padres Enrique de Arequipa y Marina de Ancash, o sea, tiene sangre del Perú profundo, por eso su temperamento aguerrido y luchador. Su padre tuvo el carnet Nº 2 de buzo en el Perú y su tío, Enrique Crevousier, el Nº 1 Tiene tres hijos, Giovanna, Juan Carlos y Sandra. Odontólogo de profesión y, por esas cosas del destino, al tener una reunión y perder la dirección, fue que se encontró con una colega que se dirigía a postular a la marina. Había solo dos vacantes y de casi 70 postulantes ingresó con el Nº 2. Ha estado asimilado en nuestra Gloriosa Marina del Perú durante 32 años retirándose con el grado de Capitán de Navío. Ha sido catedrático de las Universidades Federico Villarreal e Inca Garcilaso de la Vega y ha sido Gerente General de la Clínica San José de Bellavista, Callao. Deportista por naturaleza, participa en cuanto deporte puede y más aun representando a su XVIII se integró. El año pasado ganó 18 medallas y en lo que va este año tiene ya 13 galardones.

Conversábamos siempre y le tomaba fotos con mucho gusto porque admiraba su entrega total. En una ocasión me dice:..”¿Pepelucho, tú que tienes fotos de todos los tiempos, podrías conseguirme una foto que me tomaron? no recuerdo en qué fecha pero salí en el prospecto del colegio. ¿De qué año? -le pregunto- creo que de 1962 o 1963, estaba saltando del trampolín de la piscina. ¡No jo..robes! -le digo- ¿no me digas que eres tú… ¿la vida tiene sorpresas no? Nunca más acertada la letra de la canción de Rubén Blades. ¡Él era el nadador desconocido a quien quería conocer por más de 50 años! y lo tenía al frente y a quien admiraba por su temple e incansable participación.

Pensé… y ahora dónde consigo ese prospecto. Ricardo González, el eterno participante de mi promo y coleccionista obsesivo por lo que sea del colegio, me había dicho que tenía una copia del prospecto con el que postulamos. Me lo prestó y ¡oh, maravilla! allí estaba la famosa foto que, al toque, se la pasé a Carlitos para sus generaciones.

Hay cosas que no tienen plecio -como diría el chinito Jo-.
Pepelucho

 

Deja un comentario