3.1. CREACIÓN. “Selección de la Juventud Militar”, Crl EP Juan A. Mendoza Rodríguez (27ago1942)

Trascripción de la Conferencia sobre “Selección de la Juventud Militar” sustentada por el entonces Crl EP Juan A. Mendoza Rodríguez, en el local del Círculo Militar del Perú de la Plaza San Martín, de fecha 27 de Agosto del año 1942.

Crl EP Juan A. Mendoza Rodríguez
Estudios Escolares, Colegio “Santo Toribio” de Lima (1910-1919)
Cadete Escuela Militar de Chorrillos, Artillería (1920-1923)
Escuela de Artillería Fontainebleau-Francia (1924)
Instructor Escuela Militar de Chorrillos (1927-1930)
Agregado militar Embajada de Japón (1935-1938)
Comandante Instructor Escuela Militar de Chorrillos (1939-1940)
Profesor en la Escuela Superior de Guerra (1941-1944)
Escuela de Comando y Estado Mayor en Fort Leavenworth, Estados Unidos (1945)
Director Colegio Militar Leoncio Prado, (1946-1948), organizó una editorial escolar.
Ministro de Educación Pública del Perú, 01nov1948/nov1952
Ministro de Educación Pública del Perú, 24dic1955/jul1956
Presidente del Consejo de Ministros del Perú, 13jun1956/28jul1956

Los que hemos visto pasar delante de nuestros ojos centenares de rostros juveniles que manifiestan su deseo de llegar a ser oficiales, muchos de los cuales resultaban parcial o totalmente eliminados frente a los jurados de los concursos de admisión de la Escuela de Oficiales, no podemos olvidar el contraste de emociones tan profundas y especiales que hemos experimentado al observar a una juventud indudablemente buena, pero que adolecía, sin embargo, de ciertas deficiencias educativas y culturales muy lamentables.

Al final del concurso de admisión, una minoría, tan reducida como el número de vacantes, lograba sus aspiraciones; los restantes, es decir, la mayor parte, no solo no habían alcanzado la nota de aprobación, sino que habían merecido calificaciones que los colocaban, en muchísimos casos, en situaciones muy penosas.  Es justamente el triste resultado por la mayor parte de los candidatos lo que ha constituido una de mis mayores preocupaciones.

Pienso que a las Escuelas Militares no se debe ir únicamente por simpatía juvenil a definir en ellas una vocación; creo que el candidato debería ir con una vocación ya definida, en el amplio sentido de la idea, para desarrollarla, depurarla, tonificarla y elevarla en los moldes puros de la dedicación profesional. La confirmación de la vocación en el seno mismo de los institutos armados es indudablemente halagadora y de óptimos resultados. La decisión de los que se rectifican oportunamente, abandonando el uniforme, es también provechosa para ellos individualmente y también para la institución; pero, ¿sabemos cuántos se resignan a la carrera militar? Considero que la selección debe de hacerse fuera de las escuelas militares propiamente dichas, a las cuales a los jóvenes aspirantes van a recibir una formación perfectamente definida, debiendo poseer una educación militar básica que los capacite para seguir el ritmo de una instrucción técnica de especialización. En las escuelas militares sólo cabe hacer depuración de personal, es decir, eliminación de aquellos, muy pocos, que por razones éticas, intelectuales o físicas no deben seguir la carrera.

Pienso que antes de abordar los estudios propiamente militares debemos hacer frente a la formación moral, a la educación del carácter, a la exaltación de las virtudes militares y de las condiciones materiales en que se desarrolla la vida de un militar, todo esto completado con la cultura intelectual correspondiente a la Instrucción Secundaria.
Para atender sus necesidades inmediatas de preparación de un número limitado de cadetes, cada una de las escuelas de Aviación, Militar y Naval, tiene una planta particular de profesores de los mismos cursos y hacen un despliegue paralelo de elementos de instrucción, como gabinetes, laboratorios e impresión de cursos: tres gabinetes de Química, tres de Física, tres juegos de profesores, tres tirajes de las mismas obras elementales de matemáticas y de letras. Este método constituye un derroche de medios, sin enfocar el problema básico de la selección de la juventud militar, pues todos los medios se dispersan en la labor obstinada de formar oficiales que no han sido previamente seleccionados sobre bases amplias de selección vocacional.

El conjunto de estos medios, constituidos por profesores, gabinetes y libros, dirigido a la educación preparatoria de un considerable número de candidatos a la carrera de las armas, tendría una explicación más provechosa y permitiría echar las bases para una selección técnicamente organizada, para una selección de calidad, que repartiría por igual sus beneficios a la Marina, a la Aviación y al Ejército.

Parece innecesario insistir en que tratándose de una repetición de materias en distintos institutos, con fines exclusivamente locales, tal repetición constituye una lamentable pérdida de tiempo, que podría ser mejor empleado, con vistas más profundas sobre el futuro, en una disciplina orientada sobre horizontes más amplios, que permita educar el carácter y despertar la vocación de un gran número de jóvenes, que permita estimular las simpatías de la juventud por la profesión militar, aunque elija una profesión liberal, contribuyendo así a ligar a las elites de la juventud civil y militar en una comunidad de ideales, de aspiraciones, de sentimientos y de amistad.

Es necesario, pues, que un centro polarizante de preparación de cultura superior, realice la fusión de las futuras élites civiles con las élites militares, uniendo así desde el principio a los hombres que tendrán el honor de compartir la responsabilidad de dirigir los destinos de la Patria.

Es preciso pues, que las elites dirigentes, civiles y militares se encuentren íntimamente compenetradas en los mismos ideales superiores en la defensa de la Patria mediante una educación en común y un acercamiento espiritual tan estrecho como sea posible para poder alcanzar los objetivos políticos y militares de la guerra. Es preciso que esta educación no quede en el plano de la literatura académica, sino que nazca de un mismo regazo materno, es decir, que las elites de la juventud civil se eduquen codo a codo en las aulas y bajo un mismo techo, en significativa y doble comunión, con las elites de la juventud militar, para tender desde temprana edad los lazos del idealismo, de la mística nacional, de la camaradería y de la amistas.

La organización de un Colegio Militar o de un Instituto Técnico de preparación Superior, de régimen militar, está llamada a proyectar incalculables beneficios para el futuro, tanto en el orden moral y patriótico, como en el orden exclusivamente técnico; se puede decir que un instituto de la naturaleza del que tratamos tendría un valor nacional y sus frutos no tardarían en manifestarse elocuentemente, en primer término, en cada uno de los institutos militares, enseguida en el grado de preparación profesional y más tarde en el ambiente general de solidaridad y camaradería que se iría afianzando más aún entre los miembros de los Institutos Armados y entre éstos y la sociedad.

Podemos decir que la organización de un centro de instrucción de preparación superior es una solución de calidad, que se dirige francamente a levantar el nivel de la preparación profesional y a irradiar desde una misma fuente una corriente noble y cristalina de educación moral, utilizando la pureza de una juventud ávida de adquirir las virtudes superiores del espíritu y preparada para asimilar la gloriosa tradición de nuestros antepasados, que si no pudieron ganar todas las batallas, supieron siempre demostrar con su determinación y heroísmo su fe en los destinos de nuestra Patria.

Es a una juventud numerosa y selecta, que excede las necesidades de la Marina, del Ejército y de la Aviación a la que se va a infundir una educación común, inspirada en los más puros ideales, para contribuir en forma efectiva y duradera a dar vida a los principios de unidad institucional y de solidaridad nacional.

Del análisis de los factores determinantes, expuestos en las consideraciones de base, así como del examen de las condiciones que ofrecen las diferentes soluciones que se podrían adaptar para resolver de una manera provechosa para el país y en particular para las Institutos Armados, el problema de la selección de la juventud, he llegado a la conclusión que un Colegio Militar de la estructura que paso a indicar más adelante, tendría considerables ventajas y se encontraría a tono con nuestras posibilidades, es decir, sintonizando con nuestra realidad.

Conviene que aproveche la oportunidad para declarar que no soy el autor de la idea de crear un Colegio Militar entre nosotros. Esta idea la encontré cuando me hice cargo del Comando de la Escuela de Oficiales, pero debe expresar también que quedé completamente persuadido de su conveniencia después de dirigir el tercer concurso de admisión en el año 1941.

Desde entonces decidí estudiar más a fondo este problema, hasta encontrar los fundamentos auténticos que permiten sustentar la idea del Colegio Militar ante nuestros altos Jefes, que tienen en sus manos la responsabilidad de dirigir los destinos de nuestros Institutos Armados con clara visión de futuro.

De allí que, en la primera oportunidad que tuve, ante la Comisión encargada de estudiar la organización de la nueva Escuela Militar expuse en un memorándum lo siguiente: “La preparación del candidato, sobre la base del conocimiento completo de las materias que son objeto en la Instrucción Secundaria, como base de toda formación superior, nos hace ver la conveniencia de crear un Colegio Militar, que serviría no solamente para seleccionar a los candidatos a las Escuelas de Oficiales, Militar de Marina y de Aviación, sino que permitiría seleccionar a los candidatos a las universidades y escuelas superiores, con positivo beneficio para dichos centros y para el país”.

No podría seguir adelante sin destacar las ideas expuestas por el General Felipe de la Barra en una interesante conferencia que pronunció en el Círculo Militar del Perú , en uno de cuyos párrafos finales dice “ Una profunda meditación sobre el particular me lleva a este convencimiento: que la obra de selección del candidato, ya en el aspecto intelectual como principalmente en el aspecto moral, solo puede cumplirse si él procede de un centro de instrucción donde se halla podido seguirlo desde los primeros años de adolescente y donde haya podido recibir una Instrucción Secundaria sólida.

Y este sería el Colegio Militar, o sea un establecimiento de Instrucción Secundaria pero con organización militar y del cual pasarían sin más requisitos que el orden de mérito y naturalmente la vocación definida del candidato a la Escuela Militar, a la Naval, a la Aviación o a la Policía. Debo decir que el proyecto sobre el particular está ya estudiado y en manos de la Superioridad y si no se ha llevado a la práctica ha sido por falta de un local aparente, el local indicado sería el Cuartel “Guardia Chalaca”, actualmente en construcción.

La idea de establecer en el Perú un Colegio Militar para el alumnado interno de instrucción secundaria se abre paso desde algún tiempo, felizmente sin gran esfuerzo, precisamente porque su necesidad se encuentra respaldada por la experiencia, al observar las condiciones de preparación de los candidatos a los centros de enseñanza superior. La falta de disciplina escolar, en gran parte del alumnado civil, no solo ha disipado a los alumnos de su verdadera función que es dedicarse al estudio, sino que ha dejado a la juventud a merced de vientos doctrinarios que han envenado el espíritu de los menos preparados para combatirla, precisamente porque no habían tenido todavía el tiempo suficiente para templar sus espíritu con una sólida educación moral que los inmunizara contra la propaganda demagógica.

El Colegio Militar está destinado a consolidar la instrucción secundaria, a disciplinar a la juventud, a formar reservas seleccionadas, a mejorar las condiciones de preparación para los centros superiores, a servir de estímulo a los demás centros de segunda enseñanza, a difundir en el medio civil elementos que nos conozcan, que nos comprendan, que nos estimen. Por encima de todo esto, el Colegio Militar está destinado a cimentar debidamente ante el país la autoridad y el prestigio del Ejército, como centro educativo y de acendrado sentido nacionalista.

La Dirección del Colegio Militar debe situarse desde su nacimiento en un plano elevado de autoridad, de prestigio y de responsabilidad moral y profesional. Por lo mismo, que se trata de la formación de la elite de una juventud que ha de estar preparada para ingresar a las escuelas militares de los institutos armados o a los centros de enseñanza universitaria.

La dirección del Colegio Militar considero que debe encomendarse a un General, el que dispondría de una secretaría, teniendo a su disposición inmediata: al Director de Estudios, al Jefe del Batallón de Cadetes y al Jefe de Servicio Administrativo.

El cuerpo docente, alma del Colegio Militar, sería debidamente seleccionado entre los mejores profesores de Lima, tomando principalmente los catedráticos de San Marcos, de la Universidad Católica, de las Escuelas Militares y de la Escuela Nacional de Ingenieros de Lima. En estas condiciones el profesorado sería revestido desde el principio del prestigio y autoridad que corresponde a un centro de preparación superior, rodeando así de todas las garantías de éxito su funcionamiento y asegurando el eficaz cumplimiento de su elevada misión.

Disciplinaria y administrativamente los cadetes de estos dos años estarían organizados en cuatro compañías, constituyendo un Batallón lo que requiere: un mayor, un teniente adjunto, cuatro capitanes instructores, dieciséis tenientes instructores. Estos Oficiales serían cuidadosamente elegidos entre los mejores de su grado.

La educación nacionalista y de elevado temple moral, de un núcleo importante de jóvenes, en un centro polarizante de las elites de juventud escolar, que aspiran a la carrera militar y a las profesiones liberales, creo que constituirá el primer paso por dar en esta trascendental obra de preparación la unidad espiritual de los futuros elementos representativos de la vida del país. Es esta idea la que me he esforzado en destacar en el presente trabajo, basándome en las observaciones que me ha brindado la investigación y la experiencia.

El Colegio Militar, destinado a ligar a las elites de la juventud civil y militar en un noble y vigoroso abrazo, está llamado a contribuir eficazmente y en forma casi inmediata a la integración de la unidad espiritual de la nacionalidad; de allí que su creación considero que excede los límites de las necesidades puramente escolares de los Institutos Militares, para revestir la trascendental significación de una necesidad nacional.

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