París, en el Mayo del 68

 

¡PARÍS SIEMPRE PARÍS!

En recuerdo de Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Ruiz Rosas, escritor y pintor peruanos y tantos otros amigos… El mayo de 1968.

Es que amanecí con nostalgia de París, al ver por televisión los desmanes que por el “Primero de Mayo” celebran, festejan o se espantan de una revolucionaria, cambiante, coqueta y reina del cliché bien amada París. Los medios de comunicación llenan los espacios noticiosos por las reivindicaciones violentas sobre las reformas laborales, que los franceses siempre le exigen a su engreída París y bien por ello…

Quienes peinamos algunas canas, recordamos con nostalgia esos días de mayo de 1968, cuando en medio de una efervescente situación política que vivía la Francia de De Gaulle ocurrió el “Mayo Francés”, que fue para la juventud del planeta, la segunda Revolución Francesa…

Prohibido prohibir…

Una especie de revolución de amor y paz, de ir contra lo establecido, de ser jóvenes con el toque “civilizatorio” que ha sido característico por siglos de los movimientos sociales franceses.

Estudiaba en “La Sorbona”, pero jamás olvidaba la Universidad Católica de Lima – Perú, y es que también ahí me casaba burguesmente, tomaba muchos vinos, comía quesos franceses, componiendo el mundo socialistamente y haciendo el amor, como debe ser a esa edad, Mmm…

Todo se inició cuando se produjeron una serie de huelgas estudiantiles en numerosas universidades e institutos de París, seguidas de confrontaciones con la universidad y la policía. El intento de la administración de De Gaulle de ahogar las huelgas mediante una mayor carga policial sólo contribuyó a encender los ánimos de los estudiantes, que protagonizamos batallas campales contra la policía en el Barrio Latino y, posteriormente, una huelga general de estudiantes y huelgas diversas secundadas por quince millones de trabajadores en todo el territorio francés (más de dos tercios de los trabajadores franceses, jamás se ha producido huelga mayor en el planeta). Las protestas llegaron a tal punto que París y muchas grande ciudades quedaron a veces desabastecidas de alimentos, no había transporte, y algunas noches se apagaban las luces por sectores, no había agua, ni teléfonía, no entraban ni salían aviones, ni que decir conseguir combustibles, el caos total…; entonces De Gaulle, cediendo a nuestros pedidos, disolvió la Asamblea Nacional y se celebraron elecciones parlamentarias anticipadas el 23 de junio de 1968 y también ganamos el derecho de los estudiantes varones de la Sorbona a entrar en los dormitorios de nuestras compañeras estudiantes, Hasta ahora recuerdo que inolvidables noches de locura he pasado, ¡vivan las huelgas de mayo…!

En aquellos días, en medio de las tumultuosas manifestaciones estudiantiles y obreras que sacudían las estructuras políticas, sindicales y estudiantiles, veíamos con admiración a Daniel Cohn-Bendit, muchacho de veintitrés años, con roja y alborotada cabellera, ardiente discurso y miles de otros jóvenes que lo secundábamos. Estábamos protagonizando una revolución en la que no solo lograríamos algunos éxitos a corto plazo (como menciono: disolución de la Asamblea Nacional), sino otros de mayor envergadura como el de haber sacudido las estructuras tradicionales y me considero yo, que era parte de los cientos de miles de jóvenes que estremecimos este planeta Tierra, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y durante la reconstrucción de Europa habían prevalecido.

La consigna por entonces era: “prohibido prohibir” que resumía la rebeldía que siempre caracteriza a los movimientos de juventudes. Igual ocurrió después en Estados Unidos en 1970 durante la revuelta iniciada en Kent State University (Ohio). contra de la guerra de Vietnam cuando se acuñó otra frase célebre: “hagamos el amor y no la guerra”, que bueno, aunque me lo perdí…

Leía a Walter Salazar Pérez cuando dice que una andanada de pintas y grafías que inundaron los muros citadinos con sus proclamas libertarias: “prohibido prohibir”, “la imaginación al poder”, “el aburrimiento es contrarrevolucionario”, “no le pongas parches, “la estructura está podrida”, y decenas más. Estos eslóganes, regados por los cuatro vientos de las paredes parlantes, tenían un evidente soplo anarquista, un nítido propósito de cambiar radicalmente la forma y el estilo de vida que se había impuesto en Europa. Algo de Rimbaud reflejaban esos graffiti, algo de Bakunin, algo de Marx, pero más de Groucho que de Karl, a quien un día con mi compañera, hoy mi esposa, perseguimos silenciosamente por todo Champs-Élysées; es por ello que la izquierda europea nos miró con recelo.

Las bellas al poder…
Durante los días en que París vivió una eclosión revolucionara que puso en tela de juicio las bases sociales y económicas vigentes: el modo de producción, la jerarquización, la función del estado, la institución e la familia, sobre todo el sexo. Todas las consignas, todos los lemas del movimiento revolucionario amenazaban con atacar el sistema establecido de forma radical –en su sentido literal: desde la raíz-: “seamos realistas, pidamos lo imposible”…
Comunistas y capitalistas dibujaban signos de interrogación ante el fenómeno, en el fondo fue un movimiento difícil de explicar, yo creo que era sólo “prohibido prohibir”, “rompamos lo establecido” y eso me gusta mucho, Mmm.
Lo que Francia asumió como un movimiento que parecía convocar a todas las voluntades progresistas pronto se vio envuelto en las marañas de la política cuando el Partido Comunista Francés, como siempre han hecho los “comunistas”, preocupados porque le habían quitado sus banderas, prefirieron liquidar las huelgas para poder negociar y transar con el Gobierno y atribuirse victorias políticas, ¡como nos jugaron algunos, que cingenuos fuimos!. Danny Le Rouge finalmente adoptó la nacionalidad alemana para evadir el servicio militar francés y hoy es el líder del partido Verde (ecologista) en el Parlamento Europeo. Otros saborearon las mieles del “status” y abandonaron los ideales juveniles, pero yo no abandoné los recuerdos que imperan en mi memoria y que me dan saudades profundas, es que todavía estoy con mi compañera esposa corriendo de la <<policía disuelve manifestaciones>>, gritando muy fuerte “prohibido prohibir, “el aburrimiento es contra revolucionario”, por suerte todavía no había salido: “hagamos el amor y no la guerra”. ¡Ay París, que bello eras el 68 y seguirás siendo…!

Néstor A. Scamarone M.  XI CMLP

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