El fin del poder

Sobre la dinámica social generada por el debate de la vacancia presidencial.

Por MBA. Luis Herrera Romero XXXIX CMLP
No cabe duda, que las dos últimas semanas han vuelto a demostrar las contradicciones de nuestro sistema político en relación a su permisibilidad frente a los conceptos de moral y corrupción puestos a discusión durante el debate por la vacancia presidencial y frente al juego de intereses que generó dicho debate, los cuales quedaron en evidencia con el
otorgamiento del indulto al ex presidente Fujimori en víspera de Navidad, y que abre nuevos escenarios a la dinámica social en el país.

Esta dinámica, según Bertrand Russell, en su obra: El poder un nuevo análisis social (1938) “únicamente puede ser establecida en términos de poder”; lo que implica desde nuestro punto de vista, que todos los actos políticos realizados por el poder ejecutivo y demás organizaciones representadas en el Congreso para afrontar el proceso de vacancia, tuvieron como único fin, el interés de conservar o ganar poder; tal como lo señalara Helvecio en el siglo
XVII: “igual como el mundo físico es gobernado por las leyes del movimiento, así el universo moral es gobernado por las leyes del interés” (Citado por Hirschman, 1978).

Y esa es la primera gran laceración, que esta coyuntura ha producido en nuestra dinámica social; el demostrar la falacia que en materia de lucha contra la corrupción sostienen diversas organizaciones políticas; todas se indignan
frente a ella, pero no están dispuestas a atacarla; y esto porque más que buscar sancionarla, buscaron otro tipo de beneficio, sea obtener más poder, a través de la obtención de ministerios u otros prebendas, bloquear el paso al competidor ideológico o simplemente obtener un indulto; fuese cual fuese el motivo, el interés personal por obtener un beneficio, es lo que ha primado y no luchar contra la corrupción, y la sociedad en su conjunto se ha dado cuenta de ello.

La segunda gran laceración a nuestra dinámica social, la ocasionó el poder ejecutivo y sus aliados, mediante el intenso uso de juego de palabras para desnaturalizar la acusación que recae sobre el presidente de la república. Ha
quedado para la historia de la comunicación política en el Perú, frases como: “Nadie sabe de dónde llegan las utilidades”, “Soy el dueño de la empresa, pero no la gestiono”, “me acabo de enterar”, “es un pecado venial”; que en el fondo se constituye como una burla ante la sociedad que observa como la justicia no es igual para todos.

Por otro lado, la figura del Presidente de la República ha quedado definitivamente dañada, su evidente falta a la verdad en el caso Odebrecht y en las negociaciones realizadas para salvarse en la votación de la vacancia, colocan su integridad para gobernar en entredicho; en su caso parece acertada la cita de Russell cuando señala: “El hombre que
desea el poder como un fin en sí mismo elegirá su objetivo teniendo en cuenta la posibilidad de asegurarlo”; en su caso, parece evidente que mantenerse en el poder es lo que primó en sus decisiones y acciones; esta es la tercera gran
laceración a nuestra dinámica social, la pérdida de un liderazgo unificador.

Russell comentaba que una democracia que desea tener éxito, debe cumplir dos cualidades: primero: los hombres deben tener confianza en sí mismos (y en el sistema), y segundo: los hombres deben estar dispuestos a someterse a la decisión de la mayoría cuando ésta les es contraria; y estas son cualidades que nuestra democracia ve lacerarse día a día; los errores cometidos por la clase política no han hecho otra cosa, que crear un nuevo tipo de conflictividad; ya no es sólo el clásico antifujimorismo, sino también, el rechazo al comportamiento falaz de la mayoría de ellos.

Todo esto implica el fin del poder tal como lo conocemos, el Presidente de la República no podrá recuperar su posición de liderazgo y ha quedado arruinado políticamente; la oposición, contraria al indulto, se agrupará en las calles y atacará todo lo que dure el presente mandato; pero sin duda, lo más peligro, es que estas laceraciones, sean aprovechadas por grupos radicales para incendiar las plazas con un discurso anti sistema; en ese sentido, lo mejor
para todos, es renovar el gobierno y nos evite este doloroso periodo de crisis, apostando por la continuidad constitucional que permita establecer nuevas condiciones de gobernabilidad.

¡La democracia lo agradecerá!

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