Gestos de descentralización

La decisión del Presidente Pedro Pablo Kuczynski -durante el período de las lluvias y huaycos del comienzo del año- de enviar a los Ministros de Estado a los lugares afectados por el Niño Costero, tuvo un impacto positivo y ello creó un ambiente de solidaridad y luego, comenzando por el Palacio de Gobierno y otros lugares estratégicos, consiguieron que muchas personas se sensibilizaran y procedieran a ayudar, reuniéndose buena cantidad de materiales para los necesitados. Esta decisión del Presidente, que creó unión, es una demostración fehaciente y necesaria para la descentralización, para darnos la posibilidad de tomar  decisiones; lamentablemente esta descentralización fue muy corta y duró apenas unas semanas, luego regresaron a Lima para volver a la centralización. Fue un dormir casi despiertos y se volvió a dar oportunidad a los medios a hacer lo mismo de siempre, es decir nada.

El hecho real es el sabor que dejaron a las Regiones y a sus dirigentes de los que se comprueba que ellos no tienen la capacidad ni el poder efectivos, están huérfanos en la toma de decisiones y vemos la imposibilidad para realizar sus labores que todos esperamos que fuera así. También, ¿qué podemos esperar entonces de la capacidad de los Alcaldes y de los medios verdaderos con los que cuentan?. Se hace necesario hacer un examen de conciencia, si queremos desarrollar el país. Si ellos son incapaces debemos cambiar y proceder a su formación para que conozcan sus derechos y obligaciones para que sean autoridades, verdaderamente responsables y que tengan el poder de tomar decisiones. No es suficiente reunirse y cobrar un sueldo, de pagar a los empleados todos los meses; ellos viven desarmados ante un evento imprevisto que les puede llegar pero todos tenemos la obligación de darles apoyo, seamos generosos.

Este hecho nos demuestra que la descentralización no existe o está coja, no hay delegación de poderes y no existe la debida coordinación entre los estratos de los diferentes tipos de autoridad. Falta normalizar el funcionamiento entre las instituciones para que cada uno sepa lo que le corresponde hacer, a quien recurrir, para realizar cualquiera de las actividades que correspondan, según el caso.

La falta de Planificación no permite disponer de una buena brújula para mantenernos, para señalarnos donde está nuestro norte; por eso muchas iniciativas privadas fracasan por no responder a las expectativas, pues nos imaginamos escenarios irreales; luego vemos que el negocio se cierra y tenemos acumuladas cuentas por pagar en los bancos, que nunca pierden. El problema que nos llega cuando se tiene un país centralista es  que las tareas por desarrollar se concentran en una o dos cabezas, en vez de repartirse por los diferentes lugares donde existen las dificultades que en cada sitio del país es diferente y hay que atender, también, con diferentes medidas las necesidades a cubrir. Es mejor repartir las responsabilidades que concentrarlas en un mínimo de cabezas, salvo que se quiera asumir la labor del dictador o del que no confía en los demás.

Los pasos que ahora se están dando nos muestran muchas incertidumbres y es explicable pues se tienen al otro lado un super-poder que quiere controlar todo sin interesarle los intereses de la ciudadanía y que los medios juegan y viven utilizando fuentes y fuerzas económicas que no se conoce de dónde vienen y a donde apuntan. El chantaje es evidente que lo practican quienes no les importa el Perú.  Hay muchos inteeses de por medio y el cuco de la corrupción resulta un problema que hay que ver en que lado estamos; si pasamos o no de la raya pues no es sólo ser corrupto sino proteger a quien está en esa condición y nos aprovechamos de los medios que se pagan también y les interesa vender aire.

Sería muy importante que el Presidente de la República y sus principales colaboradores tomen la decisión -que todo peruano espera- que se den los pasos para realizar las obras de trascendencia que necesita el país y no pensar en reconstrucciones para repartir el dinero que otra vez se perderá, cuando venga el nuevo Niño.
¿Qué esperan nuestros dirigentes?

Carlos Zumarán Calderón

 

Deja un comentario